Interludio

"Don’t Cry for Me Argentina"

La nación austral lleva ya un buen tiempo dirigiéndose al despeñadero y lo de ahora, la devaluación de su moneda, no es más que una consecuencia lógica de la política económica implementada por la señora Kirchner y ese alquimista financiero suyo, bravucón y jactancioso, llamado Axel Kicillof, promovido hace un par de meses al cargo de ministro de Economía.

Si aquí nos preocupa el rebote inflacionario que provocó la entrada en vigor de la reforma hacendaria, imaginen ustedes entonces lo que sería una subida anual de precios de 25 puntos porcentuales que, encima, ni siquiera es reconocida por un Gobierno que maquilla deliberadamente las cifras y que se inmiscuye de manera abierta en los manejos de su banco central.

Para tener divisas hay que recibirlas primeramente del extranjero. Por eso es importante exportar y, por el otro lado, ganarse la confianza de los inversores de fuera. Argentina ha tenido suerte: se ha beneficiado de los altos precios de las materias primas en los mercados internacionales. Pero, al mismo tiempo, ha ahuyentado a los inversores al tomar medidas como la expropiación, por sus pistolas, de la petrolera española Repsol y al estatizar empresas que, por si fuera poco, ni siquiera generan ingresos, como Aerolíneas Argentinas que, desde 2008, ha perdido la astronómica cantidad de 3 mil quinientos millones de dólares. Dinero que se deja de gastar en la pavimentación de autopistas, la construcción de escuelas, la atención hospitalaria, etcétera, etcétera.

Las corporaciones eléctricas de la Argentina no sólo registran también colosales quebrantos económicos (las tarifas se congelaron luego de la crisis de 2002) sino que ni siquiera logran, por falta de dinero para realizar inversiones, proveer la energía que el país requiere. Los cortes de luz en Buenos Aires, hace un mes, provocaron pérdidas de 70 millones de dólares a los comerciantes.

Se habla de que la crisis argentina va a contagiar al resto de las economías emergentes. Pues, no lo creo. No hay muchos países que estén tan mal gobernados.