Interludio

Devolver lo que "ya" se gastó

Que van a pagar en cómodas mensualidades, dicen. Al final, sin embargo, un leñazo de 500 millones de pesos no le resulta nada confortable a nadie. Estoy hablando de la plata que el supremo Gobierno de la capital de todos los mexicanos le tendrá que devolver, contante y sonante, a la todavía más altísima Administración federal. ¿Por qué? Pues, miren ustedes, los antecesores de los funcionarios que tan buenamente llevan ahora la cosa pública en Ciudad de México no guardaron las formas contables, es decir, no pudieron acreditar con la correspondiente documentación —facturas, recibos, justificaciones de gastos, etcétera— los dispendios a los que se vieron obligados para construir la madre de todas las obras públicas, una línea enterita del metro con todo y estaciones, y cumplir así, como se dice en el lenguaje que acostumbran nuestros políticos, con “las sentidas demandas de la ciudadanía”. Recursos provenientes de doña Federación porque los Gobiernos locales carecen no sólo de facultades para agenciarse los impuestos que se recaudan en sus fueros sino que deben extender la mano, todo el tiempo, para que Hacienda les suelte el dinero con que abastecen sus arcas.

Pero, a ver ¿cómo está eso de que te aflojan 500 millones de morlacos y que no puedes demostrar que sirvieron para comprar costales de cemento, rieles de acero, cables eléctricos o extinguidores industriales? Dicho en otras palabras, ¿en qué se gastó ese maldito dinero? Porque, digo, estamos partiendo del supuesto de que esa plata ya no está ahí. Tan desaparecida se encuentra, que las actuales autoridades del Gobierno del Distrito Federal van a tener serias dificultades para apoquinar y, como escribía yo al comenzar estas líneas, solicitan solventar el adeudo a plazos.

Qué frustrante es todo esto. Con la falta que hacían esos 500 millones, oigan ustedes. Hubieran servido para pavimentar avenidas, rellenar baches, iluminar calles o reparar escuelas y hospitales. Y, ¿los responsables? Bien, gracias.