Interludio

Critican al PRD por las malas razones 

Es en verdad sorprendente la autocrítica con la que tan arrojadamente se inmolan ahora algunos personajes del PRD y de nuestra izquierda. No es que reconozcan, ni por asomo, que los presuntos sectores progresistas de este país se hayan quedado anclados en el pasado. No denuncian su machacón rechazo a cualquier atisbo de modernidad, ni la persistencia de su furioso sectarismo, ni su fanática adhesión al populismo más trasnochado, ni su perpetua incitación al rencor o su interesada explotación del resentimiento. No. Les reprochan, por el contrario, el haberse “aburguesado” de alguna manera al suscribir el Pacto por México y haber entonces abierto la puerta a la “venta” de la nación, por no hablar de esa “traición a la patria” que significó la implementación de la reforma  energética. 

La tremendista terminología de que se sirven para calificar los cambios legislativos que aprobó nuestro Congreso bicameral exhibe una postura que en momento alguno permite siquiera sospechar que las reformas pudieran ser tal vez benéficas. No existen, en el horizonte de la  mentada autocrítica, figuras como la de DilmaRousseff —que celebra abiertamente la llegada de inversiones extranjeras al sector energético de Brasil— o Felipe González, y no ha aparecido tampoco la socialdemocracia como una posible opción para proseguir el camino. Por el contrario, la acusación que se le hace al PRD es la de no ser lo suficientemente radical como para cerrarle el paso a la “derecha”. No sólo eso: se alió con las otras fuerzas partidistas. Luego entonces, es cómplice. Es parte de la gran maquinación antinacional. Es corresponsable directo de la “entrega” de los recursos estratégicos de México a los extranjeros. 

La perversidad intrínseca de la reforma no está a discusión, se da por descontada. De ahí, lo repito, las imputaciones y las denuncias. Ah, y no les parece nada determinante, a los autocríticos, el hecho de que haya sido votada por una mayoría de representantes populares en el Senado y la Cámara Baja. En fin…