Interludio

Cordero: ¿el nuevo “hijo desobediente”?

Cordero —el peleón, el duro, el golpeador— toma vuelo y, a estas alturas, ya no sabemos si esa elección que parecía estar decidida y en la que el señor Madero partía con ventaja será ganada, en efecto, por el aspirante, digamos, institucional o si, por el contrario, triunfará el caballo negro.

Acción Nacional es un curioso partido político. Para mayores señas, sus militantes nunca se enteraron, a lo largo de doce años, que ya no estaban en la oposición y que tenían que cerrar filas, como dictan los cánones de la política universal, en torno al primer panista de la nación, a saber, ese presidente de la República que les había abierto la puerta de Los Pinos. Y así, mantuvieron siempre un espíritu genéticamente contestatario que les sirve mucho cuando vociferan en la tribuna de nuestro Congreso bicameral pero que hubieran debido acallar por simple pragmatismo. Se entienden, sus posturas, a partir de un anti priismo ancestral que casi es la razón misma de ser del partido blanquiazul y que se fue consolidando durante los tiempos aquellos de la llamada “dictadura perfecta”; épocas, por cierto, que ya no estamos viviendo (en este sentido, es necesario también que mucha gente se ponga al día en su visión de las cosas). Luego entonces, a pesar de que los panistas no han gobernado ni mejor ni peor que cualquiera de los demás —y que, desafortunadamente, muy pronto aprendieron las mañas de sus denostados antecesores— siguen manteniendo cierta cultura que les es propia y que, ahí sí, difiere de los usos y costumbres de los priistas viejos (el PRD) y de los nuevos (los tricolores actuales). De tal manera, de dedazo y cosas así, nada de nada, señoras y señores. Por ejemplo, ¿quién era el gallo de Vicente Fox para sucederlo en el trono presidencial? Pues, un individuo llamado Santiago Creel. Y, ¿quién se salió con la suya? Un sujeto que se hacía llamar el “hijo desobediente”, ni más ni menos. Cordero, ¿es el nuevo rebelde?