Interludio

Comenzar después de la resaca

Qué difícil es comenzar el año luego de tantas fiestas, tantos excesos, tanta sensiblería y tanto dinero gastado a lo tonto. ¿Buenos propósitos? ¿Ahora mismo, con parecida resaca? Por favoooor… Estar ya meramente ahí es ya un logro mayor.

Ah, pero falta todavía en el calendario una última celebración vernácula que perdura y persiste a pesar de la descomunal competencia de “Santa” (sí, en efecto, ya no es siquiera Santaclós, ni mucho menos Santa Claus, o San Nicolás o Papá Noel, sino Santa, de plano, así como llaman los yanquis a este personaje de su entera fabricación que vive cerca del Polo Norte y que se transporta en un trineo tirado por renos), esa fiesta de los Reyes Magos que, faltaría más, nos obliga a los dóciles consumidores de este país a pasar, por vez segunda en menos de 15 días, por la caja registradora de la juguetería. Cumplido este último trámite, queda solamente la tarea de agasajar a los amigos el próximo 2 de febrero si es que tuviste la dudosa fortuna de que uno de esos horrorosos muñecos de plástico genuino se te apareciera dentro de tu trozo de la rosca de Reyes lo cual, encima, es de lo más probable porque los reposteros han alterado mañosamente el cálculo de probabilidades embutiendo hasta cuatro engendros en el pastel.

En fin, lo bueno de todo esto, más allá de afrontar la angustia estacional y de intentar eludir cualquier asomo de depresión anímica, es que la vida comienza hoy de nuevo. Lo malo es que esa suerte de resurrección nacional significa también el fin de la tregua y, por tanto, el retorno de sucesos feos y calamidades artificiales. Muy probablemente ocurrirá alguna nueva atrocidad, más temprano que tarde, y también se agitará el gallinero en el escenario internacional porque, no lo olvidemos, el señor Putin anda en pie de guerra y los islamistas de Musulmania están que se mueren de las ganas de seguir matando gente para probarle al mundo entero que su dios es Dios y que los otros dioses no son legales. ¡Ánimo, lectores!