Interludio

"Autodefensas" en todo México

El carácter supuestamente popular de los grupos de autodefensa no deja de tocarme el corazón. Es ingenuidad pura, lectores, lo reconozco. Por el contrario, a mi amigo Luis González de Alba no le termina de convencer el tema; más bien, nos avisa de la inminente reconversión de toda esa gente en un nuevo instrumento de perversa exacción a los inermes ciudadanos michoacanos, que algo saben ya de abusos, extorsiones, secuestros, amenazas, cobros, robos y violencias.

El problema es morrocotudo, en todo caso: si los pobladores de una localidad se organizan espontáneamente para encargarse de su propia seguridad, siendo que sus autoridades no sólo se han desentendido olímpicamente de la cuestión sino que trabajan en colaboración con los criminales, entonces es muy difícil, para un Gobierno central, llegar a imponer la ley por la fuerza: si desarmas a esas personas, ¿no las estás dejando en la más pavorosa indefensión? ¿Y no estás cometiendo al mismo tiempo una injusticia puesto que el surgimiento de esos grupos resulta de la desesperación de gente que se encuentra totalmente acorralada y que busca meramente sobrevivir? ¿No es también admirable que el pueblo se organice, que reclame sus derechos, que no se quede con los brazos cruzados y que plante cara a los delincuentes?

Pero, al mismo tiempo, no sabemos si esos grupo de civiles armados han surgido de manera espontánea, si no hay nadie detrás, si los antiguos sicarios no se han infiltrado y si, en el peor de los casos, todo esto no es más que un montaje de las propias organizaciones criminales —algo así como un cambio de disfraz— para seguir operando sin mayores problemas.

Lo curioso es que, vista la situación de inseguridad que se vive en el país, no hayan aparecido grupos de autodefensa en otros muchos lugares del territorio nacional. Naturalmente, los espacios urbanos están mucho más controlados. O, a lo mejor es meramente un asunto lingüístico: en las ciudades, las autodefensas se llaman “guardias de seguridad privada”.