Interludio

Asombrosas noticias mexicanas

Las noticias que produce este país son asombrosas: se construye un tren en la capital de la República, con un gasto colosal de miles de millones de pesos, y resulta que las ruedas de los vagones no son compatibles con las vías; se perpetran millones de delitos cada año que, por si fuera poco, no se castigan; y, miren ustedes, nuestro ministerio de Educación, que es el que desembolsa los dineros para pagar a los maestros, no sabe siquiera cuántos son ni dónde están.

¿Surrealismo puro? Esa presunta observación, de algún artista europeo cuyo nombre no recuerdo o que tal vez nunca lo supe, de que el surrealismo es meramente costumbrismo en México me parece, en el caso de que hubiera sido realmente formulada, muy poco merecedora de ulteriores referencias porque, aparte de encopetada y pedante, no señala la siniestra realidad de las cosas y, por el contrario, reviste de mero folclorismo algo que no tiene punto alguno de gracia. Nuestra nación no es surrealista; es indecentemente disfuncional y escandalosamente corrompida. Dejémonos de bufonadas.

Si, como señalaba ayer Luis González de Alba en su columna, gastamos en educación el más alto porcentaje del PIB de todos los miembros de la OCDE —el club de los países ricos, al que pertenece México gracias a que no es solamente un territorio sojuzgado por maestros envilecidos y canallas de otra ralea sino también una nación poblada por gente bien trabajadora— entonces las esperanzas de que pueda mejorar el panorama educativo en estos pagos son bien exiguas. Y es que los millones de millones (billones, o sea, en castellano) de pesos que destinamos al sector van sobre todo a parar a los bolsillos de los profesores, lo cual sería perfectamente comprensible si cumplieran cabalmente (y colectivamente) con la tarea de enseñar, mientras que en muchas escuelas no hay agua corriente ni electricidad. ¿No podríamos gastar menos dinero en sueldos y más en obtener resultados? No, no se puede. Sigamos así.