Interludio

Ahora resulta que fue el Ejército

Casi 100 personas han sido detenidas por los sucesos de Iguala: el tal Abarca y su insolente mujer (abofeteaba, como una reyezuela de tiranía africana, a sus subordinados; pero, miren ustedes, el otro día, cuando la conducían a una prisión de verdad luego de que terminara su “arraigo”, ya se le habían bajado los humos), policías y sicarios de la banda Guerreros Unidos, en fin, gente que participó en la salvajada y que, por si fuera poco, ha confesado con pelos y señales cómo estuvo la cosa.

Pues, pareciera que no, que no se ha hecho nada: los presuntos “padres de Ayotzinapa” claman “exigimos justicia”, “vivos se los llevaron, vivos los queremos”, “fue el Estado”, etcétera, etcétera. Y, de pronto, comienza a circular también la especie de que el Ejército Nacional Mexicano tuvo algo que ver. O sea, que se ha descubierto cuál fue el brazo ejecutor del “Estado” y no sólo eso sino que se comienza a pedir, a punta de asaltos y ataques a cuarteles (algo que es totalmente inimaginable que pudiera ocurrir en ningún otro país), que sean mostrados los hornos crematorios donde pudieran haber sido incinerados los estudiantes (esta exigencia es incompatible con la otra, la de que vuelvan vivos) o, en todo caso, las facturas de consumos de electricidad para corroborar que sí aconteció la cremación de los 42 cuerpos.

Más allá del dolor de unos familiares que, no lo sabemos realmente, pudieran no estar ya en control de la situación, se advierte la intención de seguir explotando arteramente una tragedia para sacar muy dudosos dividendos. Y, otra cosa extraña: el mero hecho de acusar, sin prueba alguna y de la manera más abusiva, no merece condenas sino adhesiones y simpatías. El mundo al revés, señoras y señores.