Política Irremediable

Una y otra vez, la economía

Es el mismo cuento de siempre. O, digamos, nuestra eterna maldición. Hace poco, Paul Krugman —un economista muy serio— dio a entender que se encuentra cansado de esperar que ocurra el “milagro mexicano”, o algo así.

Esta declaración confirma que en algún momento existía la expectativa de que México se transformara de verdad en una nación próspera y desarrollada. Pero, al mismo tiempo, refleja el desencanto que resulta de las promesas incumplidas y los sueños no realizados. Después de todo, otros países sí han consumado la gesta de transformarse de manera sustancial: en nuestro subcontinente, que no es casi paradigma de nada en el tema económico y que representaría, por el contrario, un ejemplo de fracasos globales debidos a la tozuda persistencia de dogmas perniciosos, doctrinas anticuadas y oscuros revanchismos, apenas Chile logra buenas notas. Hablando de otros pagos, mejor ni pensemos, para no sentir los corrosivos efectos de la envidia, en los resultados de Corea del Sur, una nación a la que superábamos hace 40 años.

Al llegar Peña Nieto, México volvió a vivir la dulce experiencia de que se dibujara un futuro prometedor en su horizonte. Para empezar, no fue un logro nada menor que, en unos pocos meses, se celebrara un gran acuerdo nacional entre los más importantes grupos políticos, algo que no habían conseguido los antecesores del actual presidente de la República. Y las reformas derivadas directamente de ese pacto habrían de lanzar, ahora sí, la definitiva transformación de este país. En cuanto a los nubarrones que oscurecían el panorama, por cortesía de las nuevas regulaciones fiscales, se disiparían prontamente en un entorno de saludable crecimiento económico. Hoy, sin embargo, los ánimos son bien diferentes: los esperados beneficios de la apertura del sector energético no son ya nada evidentes al haber caído estrepitosamente el precio del petróleo. Y, lo peor: si no nos enriquecimos cuando éramos ricos —con Fox y Calderón, que obtuvieron, justamente, colosales ingresos petrolíferos— pues ahora, que volvimos a ser pobres, menos vamos a ver la luz al final del túnel. Qué caray...

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