Política Irremediable

Ni se van a calmar ni se van a moderar

Hay gente con la que no se puede. No se puede razonar, no se puede negociar, no se puede dialogar ni se puede tampoco pactar nada con ella porque no respeta los acuerdos y en el momento en que le das la espalda te clava una puñalada.

En muchos de sus comentarios y artículos, cuando analiza las negociaciones entre grupos, o hasta países, Jorge Castañeda suele preguntarse: ¿a cambio de qué? Ya vimos, luego del acercamiento de Obama a Cuba, que agentes del aparato de seguridad del Estado castrista se infiltraron para amedrentar a los manifestantes contra el régimen cubano que salieron a las calles en Panamá, durante la última Cumbre de las Américas. Uno hubiera pensado que, en respuesta a la buena voluntad manifestada por el presidente de Estados Unidos, los gobernantes de la isla se acercarían, así fuere de dientes para fuera, a los principios liberales, y que cederían un poco en cuestiones como la libertad de crítica, la tolerancia o la aceptación de la diversidad de opiniones. Pues, no. Nada. Tú, si quieres, ofréceme relaciones diplomáticas y el posible fin del bloqueo económico y yo, mientras tanto, sigo como siempre y mando a mis esbirros a que golpeen a mis opositores en otro país. Inaudito. Pero todavía más asombroso es el silencio cómplice y acobardado del resto de los Gobiernos de este continente que, enterados de los usos de la dictadura, miran hacia otro lado. Tampoco, por cierto, dicen ni pío en el tema de Maduro aunque sea el pueblo venezolano, en primerísimo lugar, quien esté padeciendo las consecuencias de las esperpénticas políticas públicas del tiranuelo.

Y, bueno, aquí, en estos pagos, también contamos con varias subespecies de indóciles irrecuperables, entre las cuales figura, como la más visible, esa mentada CNTE a la cual, con el permiso de nuestros correspondientes negociadores oficiales, nunca habrá manera de aplacar ni de apaciguar ni de dar gusto como para que, reconociendo la buena disposición de un papá Gobierno que le da sustento, modere sus desmesuradas exigencias o, por lo menos, cumpla con la sacrosanta obligación de educar a los niños de México. Por el contrario, mientras más le concedan, más pedirá. A ver si nos enteramos ya.

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