Política Irremediable

No utilicen la fuerza, muchachos

Vivimos en un país muy extraño en el que no se garantizan los derechos más elementales de los ciudadanos (entre otras posibles artificiales calamidades que te pueden acontecer, si tienes un accidente de tránsito y quedas inconsciente no habrá manera de que recuperes los dineros que llevabas en tu billetera —los mismísimos agentes de la policía te habrán birlado la plata— y tus tarjetas de crédito serán luego utilizadas para realizar las compras de esos artículos suntuarios que tú no te atrevías ya a realizar) pero que, por otro lado, consiente flagrantes violaciones a las más elementales normas de la convivencia civilizada, a saber, esas reglas que debieran asegurar el orden público y que garantizan, presuntamente, la preservación del mobiliario urbano, de la propiedad privada en general, de los escaparates de las tiendas en particular y de las fachadas de cantera de los edificios históricos, por no hablar de la prerrogativa irrenunciable que es la libre circulación.

O sea, que se facultan las más escandalosas violaciones a las garantías individuales pero, a la vez, se pretenden salvaguardar mercedes como la de bloquear una autopista, perpetrar feroces actos de pillaje, destrozar bienes públicos o tomar por asalto oficinas gubernamentales sin que ninguna de estas salvajadas merezca la más mínima intervención de las fuerzas del orden porque dicha actuación significaría el quebrantamiento de supremos y sagrados derechos de los revoltosos de turno, esos destructores que pueden tanto incendiar una estación de servicio y quemar vivo a un modesto trabajador (en Chilpancingo) como matar a garrotazos a un policía en una avenida (de Acapulco), con absoluta impunidad.

Suelto estas parrafadas luego de leer, en este diario, que el señor comisionado nacional de Seguridad, en una ceremonia de graduación de policías federales, lanzó la recomendación de que el “uso de la fuerza debe ser la excepción, no la regla”, siendo que hubiera debido advertir, creo yo, que la violencia del Estado es perfectamente legítima cuando se cometen actos vandálicos y se afectan directamente los intereses de miles y miles de mexicanos que no tienen nada que ver con ninguna supuesta “reivindicación social”. Pero, en fin, sigamos padeciendo la absurda realidad de este mundo al revés.

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