Política Irremediable

¿Y así quieren que paguemos impuestos?

Nada más temible, en este país, que el Servicio de Administración Tributaria (SAT). Bueno, los secuestradores y los asesinos andan por ahí, tan campantes, pero no estoy hablando de la espeluznante descomposición social de México sino, por el contrario, de un ente del Estado que funciona con ejemplar severidad y eficiencia. Tanto, de hecho, que si se encargara de la seguridad publica el tema estaría totalmente bajo control, más allá de que también es cierto que a millones de ciudadanos, laborando en el sector informal de la economía, les consienta que no apoquinen ni un centavo a las arcas de la nación (por los intereses de la politiquería pero, en fin, ése es otro tema).

El SAT, cuando te tiene, no te deja ir ya nunca jamás (por favor, lectores, no me envíen correos ofensivos para reprobar mis falencias de escribidor: el pleonasmo es una figura retórica perfectamente admitida): te ha registrado a perpetuidad en sus fichas policiales —que diga, antropométricas— y te sigue paso a paso: si gastas más de lo que ingresas, si un tercero deposita el finiquito de un adeudo amistoso en tu cuenta bancaria o si viajas al extranjero y no aparecen cargos en tus tarjetas de crédito los sabuesos del mentado organismo paran las orejas y te recetan uno de esos pavorosos “requerimientos” tras lo cual, si no cuadran las cuentas, te pueden dejar olímpicamente en la miseria a punta de multas, recargos y saldos pendientes.

Tal es la condición de esa subespecie, minoritaria en estos pagos, denominada “contribuyentes cautivos” que, en los hechos, es la que lleva a cuestas al resto del país. Y, miren, estaría muy bien que el “ogro filantrópico” —Octavio Paz dixit— se llevara una parte sustancial de las ganancias pero el problema es que esa plata que le birla a los ciudadanos laboriosos va a parar a manos de los saqueadores —auténticos hijos de perra— que han perpetrado la infamia de arruinar a entidades enteras de la nación mexicana. Dicho en otras palabras: el dinero que le pagamos a Hacienda se transfiere directamente a los bolsillos de atracadores cínicos y miserables. Por cierto, ¿quién va a tapar el boquete de 155 mil millones de pesos, o más, que dejaron los sátrapas de Veracruz, Coahuila, Nuevo León, Chihuahua y Quintana Roo? Adivinen ustedes…

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