Política Irremediable

¡Vienen a saquear! ¡Lo están diciendo en las redes!

¿El Papa apoyó a Trump en su campaña presidencial? No, no es cierto. ¿Se iban a perpetrar saqueos masivos en la Ciudad de México al comenzar el año? Tampoco iba a ocurrir eso. ¿La actriz Goldie Hawn murió? Para nada, está bien viva y muy sana a sus 71 años.

Estas falsedades y rumores, sin embargo, fueron propalados en las redes sociales. Y, en el caso de la amenaza de actos vandálicos en la capital de todos los mexicanos, llevaron a que muchos comerciantes cerraran simplemente sus tiendas, por no hablar de que, en lo que toca a las pasadas elecciones estadounidenses, pudieron tal vez inclinar la balanza, así de ínfimo como fuere el número de votantes que, efectivamente, se creyeron la especie de que Francisco I simpatizaba con un demagogo zafio e insolente.

Pero, entonces ¿estamos indefensos ante la mentira? ¿Los Gobiernos deben aplicar algún mecanismo de supervisión para controlar los contenidos de Twitter, de Facebook, de Google y de Instagram? ¿Hay que rastrear a los culpables hasta encontrarlos, luego de una exhaustiva y costosa investigación, e imponerles una condena por un delito que probablemente no está siquiera debidamente especificado en los códigos de justicia de la mayoría de los países?

El problema es complicado pero lo más preocupante es que pareciera que no hemos todavía advertido las graves consecuencias que ya tiene la propagación de malintencionadas e infames ficciones en las redes. Cualquier individuo puede, hoy día, publicar lo que le venga en gana. Sin embargo, no estamos hablando solamente de los resentidos que vomitan majaderías y ofensas aprovechando el cómodo anonimato que les ofrecen los medios digitales ni tampoco de los cretinos que sueltan despreocupadamente opiniones desinformadas. No, esto es otra cosa: la psicosis colectiva que se desató el 4 de enero no resultó de la broma de algún imbécil sino de la muy calculada táctica de desestabilización que dispusieron oscuros agitadores. Y, a juzgar por las consecuencias, lograron su cometido.

Fue un estremecedor aviso. El primero. Ya estamos advertidos...

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