Política Irremediable

Lo que no sabemos de Ayotzinapa

La práctica totalidad de las personas que conozco y una sustancial mayoría de los desconocidos a quienes les hago la pregunta de si creen que los estudiantes de Ayotzinapa están vivos, en algún lugar, retenidos, digamos, por el Ejército o bajo custodia de la Policía Federal, me responden que no, que a esos muchachos los mataron. Y, el simple sentido común te haría concluir, antes que nada, que el gobierno de Enrique Peña no puede ser tan torpe, tan irracional y tan insensato como para tomar la esperpéntica decisión de tener encarcelados a unos jóvenes —afrontando una agitación social y un desprestigio internacional que, por el contrario, cualquier responsable político desearía evitar a cualquier precio— y esto, encima, por una razón que sería totalmente inexplicable, inentendible e incomprensible, es decir, carente de todo sentido. ¿Para qué diablos habría de mantener ocultos a 41 individuos (la cifra resulta de que las pruebas realizadas en Innsbruck confirman que algunos restos corresponden a dos de los desaparecidos) si el hecho de soltarlos haría que el asunto se resolviera de manera instantánea, de un plumazo, y le significaría un auténtico alivio? Luego entonces, ¿qué lógica posible hay detrás de la exigencia formulada en el lema "vivos se los llevaron, vivos los queremos"?

De ahí pasamos a otro enunciado, "fue el Estado", que ya no es una petición sino una acusación directa. Pero, de nuevo ¿qué razón habría de tener el Ejército mexicano o, de nuevo, los cuerpos policíacos federales para masacrar —digo, siempre y cuando la inculpación implique, ahora sí, que los estudiantes han sido asesinados porque de otra manera habría que conjugarla en tiempo presente, o sea: "es el Estado" (quien los mantiene secuestrados)— a un grupo particular de personas que, miren ustedes, no representaban ninguna amenaza particular en un país donde los bloqueos de carreteras, los desórdenes, los saqueos de comercios y las algaradas son cosa de todos los días? Yo pensaría, más bien, que ese tal Estado es excesivamente consintiente y permisivo en el tema del orden público, más allá de que, en el combate al crimen organizado se hayan podido perpetrar, ahí sí, violaciones y abusos.

Lo que no sabemos es lo siguiente: dónde se han originado estas quimeras y por qué. Ah, y tampoco hemos identificado la mano que está meciendo
la cuna...


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