Política Irremediable

¿Qué tan rabiosos debemos estar?

Qué difícil es, en este país, intentar siquiera mantener una postura medianamente razonable ante los sucesos de nuestra vida pública. No es una casualidad que la Tribuna MILENIO de esta semana se ocupe del tema de la indignación nacional, visto el clima de radicalización que estamos viviendo en estos momentos.

No sé si en los círculos del Gobierno estén enterados de la exasperación ciudadana, o si les interese o les preocupe. Pero, en cierto sentido, es alentador que los niveles de aceptación de nuestros gobernantes sean bajos. Mucho peor sería tener a una población, como en Rusia, que celebra colectivamente a Putin y que, sin inquietarse, se solaza en su discurso populista-nacionalista mientras consiente unos atropellos a los derechos que, si me permiten ustedes, serían totalmente inaceptables aquí en México. En todo caso, el simple hecho de que el rechazo lo podamos expresar finalmente en las urnas, bajo la forma de un voto de castigo, nos tendría que aportar una mínima dosis de optimismo. Algo habrá de cambiar, a pesar de todo.

A un médico veracruzano, el Estado mexicano le acaba de otorgar una reparación pecuniaria por haber sido violentamente detenido en su casa por los infantes de la Marina, llevado a un cuartel donde se le torturó para arrancarle confesiones y, finalmente, encarcelado en el Penal Federal de Villa Aldama, junto a peligrosos sicarios. Este suceso, justamente, es de los que perturban directamente mi deseada moderación. Nuestros marinos, para mayores señas, me parecen valerosos y disciplinados, además de que están logrando éxitos indudables en la lucha contra los delincuentes. Sin embargo, a partir de una historia así, la de un hombre inocente que vive de pronto la más aterradora situación de indefensión, ¿qué puedo sentir o qué debo pensar? No deseo, en modo alguno, ser parte de esa masa de vociferantes, incapaces de reconocer nunca bondad alguna, y de descalificadores crónicos que desechan cualquier enunciación de la realidad que no corresponda a su visión tremendista. Pero, mi conciencia está de todos modos sacudida. Qué difícil, lo repito, es estar aquí y ahora.

 

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