Política Irremediable

¿Cómo quitar a los ineptos y los nefastos?

No se puede decir que el PAN gobierne mejor que el PRI o que el PRD haga las cosas mucho peor que los otros dos partidos. Un gobernador panista, el inefable señor Padrés, tuvo un catastrófico desempeño en Sonora. El peor mandamás de Colima —la tierra que doña Griselda Álvarez gobernó, en su momento, con ejemplar inteligencia, sensatez y probidad— es un priista, de nombre Mario Anguiano (se consigna para los anales de la infamia nacional). En el caso del PRD, se empalman dos nefastas administraciones, la del guerrerense Aguirre y la del michoacano Godoy, durante las cuales florecieron el crimen organizado y la delincuencia no organizada en sus entidades.

¿De qué estamos hablando? De la inexplicable preminencia de los individuos sobre el entramado institucional de los partidos políticos. O, dicho en otras palabras, de que pareciera mucho más importante el candidato que el partido; e decir, prima el personaje sobre los colores que lo abanderan.

Y así, con la llegada de la alternancia, hoy sabemos que hay pillos e ineptos de todas las proveniencias. Es más, el PRI fue sacado “a patadas” de Los Pinos —con perdón de la colorida retórica privilegiada por uno de nuestros clásicos— pero el país no cambió sustancialmente ni se trasformó de manera radical: seguimos empantanados en los mismos problemas de siempre (y, además, el tema de la inseguridad ha alcanzado dimensiones espeluznantes). Lo cual nos lleva a una constatación bastante desalentadora: el “sistema”, tan denostado por todos nosotros, parece inmune a los cambios en la cabina de mando y lo que verdaderamente importa, al final, es que un sujeto particular —un tipo excepcionalmente honrado, capaz y trabajador (que sí que los hay)— haga las cosas bien cuando ocupe el cargo público.

Esto ya lo sabemos porque lo hacemos realidad cada vez que votamos por quien ha logrado convencernos, venga de donde venga. Sin embargo, el porcentaje de decepciones sigue siendo demasiado alto: hasta el mentado Padrés debe haber parecido un buen tipo en su momento pero, luego, se quitó la máscara y se dedicó a hundir a Sonora. Entonces, el reto es el siguiente: ¿cómo los detenemos, cómo los neutralizamos, cuando ya están ahí, en el cargo? Se aceptan sugerencias y propuestas, señores legisladores.

 

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