Política Irremediable

¿El presidente Obrador viajará en VivaAerobus?

El derecho penal establece una muy clara distinción entre el homicidio doloso —cuando el sujeto tiene el propósito deliberado de causar la muerte a la víctima— y el otro, el homicidio involuntario, llamado también culposo, en el que no existe el designio expreso de provocar la muerte. O sea, que la intención cuenta.

Viene al caso esta observación porque mucha gente, en este país, lanza estremecedoras acusaciones sin siquiera detenerse a pensar que el presunto imputado no ha tenido, como primer objetivo, causar un daño. Me viene a la cabeza la frase “los muertos de Calderón” como un ejemplo de esto o se me aparecen la imágenes de esos manifestantes que portan pancartas que pregonan “Estado asesino”. ¿De verdad creen los denunciantes que el anterior presidente de la República deseaba matar a miles de personas? Y, en lo que toca a la inculpación dirigida al Estado, ¿no tienen la capacidad de advertir que en México no tenemos un Estado opresor y que sus acciones no son manifiestamente intimidatorias como en los regímenes dictatoriales? ¿Por qué entremezclar las cosas y por qué sembrar confusión?

No vivimos, desde luego, en el mejor de los mundos, ni mucho menos. Se entiende perfectamente, en este sentido, la existencia de opositores, adversarios y detractores que, frente a un sistema que no cumple las expectativas de sectores enteros de la población, alzan su voz y denuncian las injusticias. Pero propalar mentiras —ahí sí, manera dolosa— y lanzar infundios con el fin de desprestigiar premeditadamente al adversario político, eso no es ejercer una facultad ciudadana sino mera deslealtad, simple vileza. Obrador suelta, en las propagandas que le financiamos con el dinero de nuestros bolsillos, que “ni Obama” tiene un avión como el que acaba de adquirir el Gobierno para que viaje el presidente de la República. Pues, eso no es cierto. No hay, en todo el mundo, un aparato ni lejanamente comparable al Air Force One de los Estados Unidos. Pero, miren ustedes, los ciudadanos nos tenemos que tragar el mensaje todos los días porque las autoridades electorales, acobardadas por el calculado victimismo del personaje, no se atreven a exigirle que no desembuche calumnias. Y así, nos hemos convertido todos en rehenes del señor.

Si se trepa a la silla presidencial, dice que va a vender el Boeing. No se ha enterado que no es “el avión de Peña Nieto” sino la aeronave del jefe del Estado mexicano. Pero, bueno, que nos aclare, desde ya, si va a viajar en VivaAerobus o en Aeromexico.

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