Política Irremediable

Lo postulamos, aunque pierda la elección

Nunca he terminado de entender cómo nombran los partidos políticos a sus candidatos. Aparece por ahí alguno que cuenta con el apoyo de “las bases” y las simpatías del pueblo soberano y, qué caray, resulta que quien sale postulado es otro que ni pinta. Naturalmente, no gana la elección. Y entonces cunde el descontento y la división entre la militancia.

Ocurrió ya en Zacatecas, en 1998, donde el bueno era Monreal. Pues, no fue nominado por sus correligionarios del PRI. Compitió entonces con el PRD y, miren ustedes, ganó holgadamente. Y, encima, prácticamente todos los zacatecanos reconocen que fue un muy buen gobernador.

Vaya lección, para los responsables de negarle la candidatura. Pero, no aprenden. Siguen, en todas las agrupaciones políticas, los nombramientos incomprensibles, las decisiones extrañas y las apuestas erradas. Ahora mismo, quien parecía tener más posibilidades de desbancar al PRI en Colima era Virgilio Mendoza, del Partido Acción Nacional. Curiosamente, declinó participar porque, dicen algunos, no cuenta con el apoyo de la dirigencia nacional o, según otras versiones, porque hubiera pactado su retiro con el mismísimo candidato del tricolor, Nacho Peralta, que es su amigo. No lo podemos saber pero Jorge Luis Preciado, que terminó siendo el candidato blanquiazul, sí que tiene las simpatías del jefazo máximo, Gustavo Madero.

¿Todo resulta entonces de acuerdos cupulares y de arreglos entre amigos incondicionales? Es difícil conocer lo que ocurre verdaderamente en las entrañas de los partidos políticos pero lo que sí podemos afirmar es que, muchas veces, no operan los principios de la meritocracia —es decir, no se recompensa a los más capaces— sino que las resoluciones y acuerdos parecen, como decía, totalmente inentendibles para cualquier observador externo y mucho más inexplicables, todavía, para esos votantes que, en su irremediable condición de gobernados, serán las primerísimas víctimas de una mala decisión.

Y, bueno, ahora estamos otra vez de lleno en ese juego de sillas musicales. ¿Que gane el mejor? Pues, creo que aquí no se puede proferir esta
sentencia…

 

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