Política Irremediable

Los portentosos ingenieros contratados por ‘El Chapo’

La fuga de El Chapo está plagada de cuestiones inentendibles, inexplicables, ilógicas e improbables. Para empezar, ¿de qué material están hechos los pisos de una prisión de alta seguridad? ¿De cemento armado? ¿De madera? ¿De arcilla? ¿De adobe? La pregunta es obligada porque, miren ustedes, cuando quieres meramente colgar un cuadro en la pared de tu comedor resulta que está muy dura la superficie y que los clavos se te doblan al martillarlos. Estás en tu casa y puedes, naturalmente, usar un taladro. Es, sin embargo, una herramienta  ruidosísima que no creo que se pueda utilizar así nada más en una cárcel y que, encima, no sirve para hacer agujeros grandes ni mucho menos túneles. Luego entonces, ¿cómo diablos rompes el enlosado de un calabozo sin hacer ruido y cómo logras llegar, por debajo, sin que los guardias de la prisión noten fisura alguna en la superficie cuando realizan sus inspecciones pero, a la vez, lo suficientemente cerca como para que, en un día determinado y previamente convenido con el presidiario, puedas terminar de quebrar el piso rapidísimamente —digamos, en cosa de 10 o 15 minutos— y, encima, sin que nadie escuche nada, ni golpes ni choques ni impactos? ¿Cuál era el espesor del piso de la ducha en los días previos a la fuga? Y, lo repito, ¿cómo abres un boquete por el que pueda introducirse una persona —sin que el ojo humano avizore, previamente, cuarteaduras, grietas o desprendimientos— y de forma tan precisamente calculada como para que, un parpadear de las cámaras de vigilancia, el piso se desmorone, ahí sí, de sopetón, y el señor Guzmán Loera se esfume cual ilusionista de Las Vegas? Estamos hablando de una portentosa faena de albañilería, señoras y señores.

Pero, más extraordinario aún es el trabajo de ingeniería. Los expertos contratados por El Chapo obtuvieron los planos de la prisión, faltaría más, pero, digo, estamos en un país donde, por la colosal ineptitud de los técnicos o la sideral corrupción de los funcionarios o la descomunal mezcolanza de una cosa y otra, se realiza una obra como la Línea 12 del Metro en la capital de todos los mexicanos y, a los pocos meses, resulta que los trenes ya no pueden circular porque las vías están mal trazadas. Bueno, pues en el caso del jefe del Cártel de Sinaloa, su gente construyó un túnel —y hay que enfatizar que no lo hicieron a la luz del día y con todas las facilidades sino a escondidas, clandestinamente, afrontando en todo momento el riesgo de ser sorprendidos— y, escarbando en las profundidades y realizando (con éxito) cálculos muy complejos, llegaron, con una precisión de centímetros, a la celda de su jefe. Es asombroso, estimados lectores. Y, bueno, alguna ayuda sí que habrán tenido de las autoridades pero, por favor, que su mérito no se los quite nadie.

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