Política Irremediable

La perniciosa epidemia de incredulidad

México está fatalmente contagiado de una plaga muy nociva: la incredulidad. Y es una dolencia, señoras y señores, de síntomas extrañísimos: la gente, según el caso, no se cree las cosas que más verosímiles debieran ser pero, al mismo tiempo, se traga cuentos absolutamente fantasiosos, improbables e imposibles, aparte de ilógicos.

Alguien tendría ya que hacer urgentemente una encuesta: ¿qué porcentaje de mexicanos piensa que los 42 estudiantes normalistas de Ayotzinapa están vivos, retenidos en algún lugar por el Gobierno federal? Y, a partir de ahí, ¿cuántas son las personas que realmente están exigiendo que aparezcan?

En el cuestionario deberían también figurar estas otras preguntas: ¿piensa usted que “fue el Estado”? ¿Cuál sería el propósito del Gobierno al mantener recluidos a los estudiantes? ¿No cree usted que le resulta totalmente contraproducente a las autoridades este encierro porque brinda así un pretexto para la agitación y la violencia callejera? ¿Por qué razón habría de construir el Ejército hornos crematorios en sus cuarteles? ¿Qué motivo pudo haber tenido ese mismo Ejército para, de pronto, matar e incinerar a los muchachos? ¿Quién piensa usted que dio la orden al Ejército de secuestrar a los estudiantes y para qué? ¿Por qué no son creíbles las confesiones de los sicarios de la organización Guerreros Unidos? Si el Ejército perpetró el secuestro —o la matanza y posterior cremación de los cadáveres— entonces, ¿el señor Abarca y su mujer no tienen ninguna responsabilidad en este crimen?

Con las respuestas a este pequeño interrogatorio podríamos no sólo constatar lo dañino que es el virus de la desconfianza —y la penetración que tienen las quimeras entre la población— sino, de no ser el caso, evaluar entonces cuál es la representatividad real de los grupos que promueven tan infamantes falsedades. Invenciones que están perjudicando mucho al actual Gobierno pero que, por si fuera poco, buscan desacreditar a una institución como el Ejército Nacional Mexicano. Qué cosa tan curiosa: murmuraciones contra nuestros soldados en lugar de maldecir a los canallas delincuentes…

 

revueltas@mac.com