Política Irremediable

Las palabras también se han corrompido

La plaga de la corrupción también le pega a las palabras; el sentido de muchas se trastoca por ignorancia o estulticia; muchas otras, la gente las distorsiona artera y deliberadamente. Y no hay subespecie más abusiva, en este aparatado, que la de esos izquierdosos victimistas que, pretextando haber padecido abusos y despotismos, se llenan luego la boca de términos desorbitados y tremendísimos para reclamar su excepcional condición de sufridos.

Aquí va un ejemplo: en mis tiempos, un genocidio no era asunto de matanzas ocasionales o masacres imprevistas sino cosa mucho más seria, es decir, el “exterminio sistemático y deliberado de un grupo social por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad”, tal y como sentencia todavía el diccionario de la Real Academia Española. Y con esto no estoy intentando minimizar la estremecedora dimensión del horror ni de banalizar la barbarie de los represores (los de verdad, porque el término se aplica ya a cualquier gendarme que pretenda arrestar a un vándalo que destruye mobiliario urbano o destroza vitrinas de comercios en una manifestación) sino distinguir, meramente, que Luis González de Alba y decenas de otros estudiantes revoltosos del 68 no hubieran ido a dar con sus huesos a la cárcel de Lecumberri sino que hubieran sido, miren ustedes, “exterminados sistemática y deliberadamente” desde un primer momento por los esbirros de Díaz Ordaz. Bueno, y siendo que he tocado periféricamente el tema del vandalismo en las algaradas callejeras, resulta que ya lo acusan, al Gobierno de Ciudad de México, de “criminalizar la protesta social”. Es de no creerse lo quejicas, manipuladores y mentirosos que son los provocadores, señoras y señores: si hay un país del mundo donde las autoridades son consintientes y permisivas, por no decir blandengues y cobardonas, ese es Estados Unidos (Mexicanos). Aquí, un día sí y el otro también, cualquier grupúsculo de amotinados te bloquea una autopista, te cierra calles y avenidas principalísimas —afectando a cientos de miles de ciudadanos— y no pasa absolutamente nada: nadie los dispersa, nadie los ahuyenta… Por el contrario, llevan escolta policial. ¿A esto lo califican de “criminalización” de la protesta? ¡No jodan!

 

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