Política Irremediable

México: condenado a seguir siendo México


La adversidad, para nuestro país, lleva ahora el rostro de Donald Trump. Pero, hagámonos una pregunta: hasta estos momentos, ¿qué factor ha sido más dañino y deletéreo para la nación mexicana, el advenimiento de un demagogo que todavía no comienza siquiera a gobernar o el escandaloso saqueo de las arcas públicas ya perpetrado por un tropel de gobernadores atracadores? Que se salgan finalmente con la suya los corruptos de este país no significa que dejen de representar una auténtica plaga para la patria sino todo lo contrario: han dañado enormemente a México, mucho más allá de lo que puedan vulnerarlo en el futuro las acciones de un vecino hostil, si es que las bravatas del impredecible personaje llegan a consumarse en políticas concretas cuando sea el inquilino de la Casa Blanca.

Dicho de otra manera, nuestro destino depende de nosotros mismos y estamos condenados a limpiar la casa, más temprano que tarde, si no queremos perdernos en el camino. La corrupción le cuesta a México diez puntos porcentuales del Producto Interno Bruto. Esto significa que los recursos para llevar a cabo los programas de gobierno e invertir en el bien común de la sociedad se malgastan de manera criminal. Estamos hablando de un robo directo a todos nosotros, una confiscación escandalosa de nuestros impuestos para entregarlos a una minoría de estafadores disfrazados, encima, de funcionarios del Estado. Pero, hay algo más: la descomposición social. Y ahí, la nación corre el peligro de convertirse en un apocalíptico escenario de estremecedoras atrocidades y violencias incontrolables (más allá de la urgencia de resolver problemas como la pobreza, la desigualdad, la injusticia social, la precariedad de los salarios y la falta de oportunidades para los jóvenes, entre otros asuntos de una lista desalentadoramente interminable).

Ya hay signos muy inquietantes de descomposición social: linchamientos, robos a ferrocarriles, hurtos masivos de combustible, extorsiones generalizadas a transportistas y comerciantes, etcétera, etcétera, etcétera. Hace apenas unos días, un hombre absolutamente inocente, empleado de una empresa distribuidora de medicamentos, fue salvajemente ahorcado por una turba de vecinos en San Francisco del Mar, Oaxaca. ¿Quien nos espanta es Trump, en vez de que nos horroricemos de esta barbarie medieval?

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