Política Irremediable

La mariguana ya no es el problema

Si todo fuera tan sencillo como legalizar el consumo de mariguana, para los fines que cualquier comprador pudiera considerar pertinentes —recreativos, medicinales, profesionales o científicos—, entonces el mundo sería un lugar bien diferente en vez de ese escenario de atrocidades, injusticias y violencias donde los humanos, tantas veces, tomamos decisiones totalmente irracionales.

¿Hay cosas más posiblemente disparatadas que la guerra, el hambre o el rancio machismo de ciertos responsables políticos? Para mayores señas, escuchen ustedes las bravatas de los candidatos del partido republicano a la presidencia de Estados Unidos y tradúzcanlas, en el caso de que alguno de ellos llegue a ocupar realmente el cargo, a acciones concretas, a programas de Gobierno —es decir, a invasiones a países lejanísimos o colosales dispendios en armamentos terroríficos—y concluyan, luego de tal ejercicio, que la lógica más elemental no tiene lugar en un planeta, lo repito, devastado por la desigualdad y la injusticia.

Naturalmente, el proceso civilizatorio —que no es otra cosa que la consagración, en el ámbito de lo público, de ciertos principios de esencial humanidad, o humanismo— ha sido impulsado por individuos conscientes, aparte de valerosos, que desean cambiar la realidad. Y, en este sentido, la propuesta de permitir, por ejemplo, el libre comercio de la mariguana —prohibido por quién sabe qué razones siendo que el alcohol se consume alegremente (excepto en Musulmania, esto es, pero adviertan ustedes, ya puestos, la rabia y el resentimiento de esos torvos fanático que no pueden disfrutar, ya no digamos de una copa de buen tinto, sino que prohíben hasta el simple trato desenvuelto entre personas de sexo diferente)— se inserta en la tradición transformadora de los individuos pensantes. Pero, miren ustedes, hemos llegado tan lejos —o, mejor dicho, hemos caído tan bajo— que el posible comienzo del fin del absurdo, bajo la forma de un consentimiento legal avalado por la Suprema Corte, no resolvería en lo absoluto el problema de unas organizaciones criminales integradas por sujetos sanguinarios y violentísimos que no sólo están ahí sino que seguirán ahí, con mariguana o sin ella. Pues eso.

 

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