Política Irremediable

Si soy de izquierda moderada, ¿por quién voto?

Eres de izquierda, te interesan las causas sociales, crees en las bondades del Estado benefactor, te opones sinceramente a la preeminencia avasalladora del mercado y propugnas la instauración de medidas como la despenalización del aborto, el matrimonio de parejas del mismo sexo y el reconocimiento total de las minorías sexuales. Muy bien, pero entonces ¿por quién votas, en este país? ¿Por el mandamás de Morena y sus pretorianos? ¿Por ese PRD que se deshace? ¿Por un Partido del Trabajo que se vende al mejor postor?

¿Dónde está la izquierda moderna que necesita la democracia mexicana? La pregunta es apremiante justamente ahora, en el momento en que el Partido de la Revolución Democrática parece caerse a pedazos. Porque, con perdón, para muchos votantes no es particularmente atractiva la alternativa que encarna el ejecutor del desmoronamiento, ese López Obrador que se ha fabricado un partido a modo (asestándole, de paso, un golpe mortal al movimiento progresista de la nación) y que se promueve a sí mismo como una pieza fundamental, fundacional, irremplazable e insustituible de la opción política que pretende representar. En este sentido, no estamos hablando de una evolución de la izquierda hacia la modernidad que significaría el fortalecimiento de lo institucional sino de una regresión hacia el caudillismo. Este fenómeno es muy curioso en nuestro subcontinente: mientras que los líderes de la llamada "derecha" se contentan de gobernar durante sus períodos y sanseacabó, los dirigentes de la izquierda latinoamericana, salvo algunas excepciones, se solazan en la glorificación de sus figuras y despliegan un agobiante protagonismo, alimentado con discursos interminables y machaconas propagandas. Por eso no le bastaba el PRD a nuestro personaje, porque no logró convertirlo en un espejo magnificador de sus atributos (pero, ya arregló el tema: desde que manda en Morena, no se escucha otra voz que la suya, en miles y miles de spots que nuestras autoridades electorales, acobardadas por la belicosidad del sujeto, no se atreven a restringir, así sea que Ricardo Anaya le haya copiado luego la receta y que, ahora, ambos pudieran ser sancionados).

En fin, hoy día, vista la descomposición del PRD, el votante de izquierda moderado carece de opciones. Vaya desequilibrio tan aberrante.

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