Política Irremediable

¿Nos incorporamos al “México bronco”?

No recuerdo casi otra circunstancia, en tiempos más o menos recientes, de mayor turbulencia y agitación en este país: a diario hay bloqueos, incendios, depredaciones, atracos, revueltas, desórdenes, sublevaciones y destrozos sin que el Estado, primerísimo garante del orden público, intervenga no sólo para asegurar las condiciones que exige la vida civilizada sino para evitar los enormes daños patrimoniales que resultan de la agitación. Que alguien venga y nos diga cuánto cuesta la destrucción de oficinas públicas, los bloqueos en las carreteras, los incendios de autobuses, los saqueos de comercios y los cierres de gasolineras. Y, a estás pérdidas materiales, que sume el cálculo de lo que se deja de ganar cuando los inversores, locales y del exterior, deciden ya no arriesgar sus capitales en un entorno de flagrante inseguridad jurídica.

Es bien evidente que la inacción de nuestras autoridades resulta del amedrentamiento que han logrado insuflarles los agitadores: en México, el chantaje y la amenazan funcionan a la perfección y esto lo saben muy bien las organizaciones parafascistas como la CNTE y los otros grupos subversivos. Aducen, los revoltosos, toda suerte de agravios y exigen el otorgamiento de interminables provechos. Pero, miren ustedes, no son los únicos mexicanos que están descontentos. Muchos otros, entre los que me cuento, también estamos profundamente insatisfechos de pagar impuestos y de que nuestro dinero se malgaste en otorgar prebendas a las clientelas, en las colosales sumas otorgadas a los partidos políticos, en raterías y en dispendios criminales. La diferencia, sin embargo, es que no amenazamos a nadie y que no armamos desórdenes: nos comportamos como ciudadanos obedientes aunque no haya respuesta a nuestra exigencia de que se ponga orden en este país, de que se transparenten los gastos de los organismos políticos y los sindicatos, de que se combata la corrupción y de que se nos garantice seguridad. En este sentido, nos queda muy claro que nuestra pasiva inconformidad les preocupa a ellos, a quienes nos gobiernan, mucho menos que el violento descontento de los otros. La solución, tal vez, es que nos incorporemos al “México bronco”. A ver si así…

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