Política Irremediable

El horror a la vuelta de la esquina

Hay algo de lo que no he querido hablar: el asesinato del teniente Muath al-Kaseasbeh, quemado vivo en una jaula por sus captores del Estado Islámico, me parece tan perturbador que he intentado apartarlo de mis pensamientos cual avestruz que esconde su cabeza en la arena.

Cuando un periodista bien curtido como Bill Moyers confiesa que ha pasado una noche sin poder conciliar el sueño por el impacto que le ha causado el suceso, entonces no podemos más que confirmar el estremecedor salvajismo de un hecho espantoso. Pero, hay algo más: el prestigiado comentarista nos advierte que la brutalidad nunca está demasiado lejos de nosotros: en la inquietante agitación de su desvelo, hacia las dos de la madrugada, enciende su computadora para remontarse a un hecho acaecido en 1916, a saber, el linchamiento de Jesse Washington en Texas, en la llamada “franja bíblica”, del cual el editor de un diario local, años atrás, le había proporcionado una horrible fotografía. Aparece en la imagen el cuerpo carbonizado de un joven negro, atado a un árbol: una muchedumbre lo había sacado violentamente de la sala del tribunal donde acababa de ser condenado —sin pruebas ni testigos— por el asesinato de una mujer blanca y, tras cortarle los testículos, lo calcinó lentamente durante dos horas. Se congregó una multitud de hasta 15 mil personas —granjeros, comerciantes, fieles de la parroquia— que aplaudía y se carcajeaba. “No fue en el Medievo ni durante la Inquisición”, señala Moyers, sino en Texas. Y añade un dato escalofriante: de 1882 hasta 1968, fueron contabilizados 4 mil 743 linchamientos en Estados Unidos.

Tampoco nos es muy ajena la barbarie, aquí en México: en 2004, Víctor Mireles y Cristóbal Bonilla —dos agentes de la PFP— fueron golpeados brutalmente por una turba que luego los quemó vivos, en Tláhuac, sin que la policía interviniera. Un tercer policía logró sobrevivir. En Chalco, 500 pobladores enardecidos achicharraron a dos albañiles y al empleado de una papelería, por la mera sospecha de que fueran secuestradores. Esto ocurrió en 2012. Y sigue el horror, en este país de fosas, desaparecidos y decapitados…

 

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