Política Irremediable

Aunque no les guste, tienen que acatar las leyes

Gobernar, por definición, es actuar (a no ser, desde luego, que la inacción se haya elegido como una estrategia en sí misma, una manera de administrar los asuntos para no buscarse problemas o para evitar turbulencias). Y somos los propios gobernados, a través de nuestros votos, quienes hemos otorgado a los gobernantes las facultades para intervenir, tomar decisiones y llevar la cosa pública. Dicho en otras palabras, un Gobierno elegido democráticamente posee una legitimidad de origen; puede cambiar las leyes, con el previo consentimiento del Congreso; puede emprender grandes obras como aeropuertos o autopistas; puede celebrar acuerdos con otras naciones (ahí tenemos, para mayores señas, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte); y, finalmente, puede imponerle a la población medidas que no son siempre populares pero que hay que aplicar para lograr beneficios a mediano y largo plazo.

Estas reglas, las que definen la relación entre los votantes y los encargados de la Administración, han sido convenidas de antemano y configuran una suerte de pacto social colectivamente aceptado. Dicho en otras palabras, si una mayoría conformada por diferentes partidos políticos aprueba, digamos, una reforma educativa, entonces no debiera haber razón para desacatar, ni mucho menos revertir, esa tal reforma. En este sentido, es punto menos que delirante que ciertos grupos opositores pretendan bloquear por la fuerza la toma de decisiones asaltando la tribuna del Congreso —y que, encima, lo hagan pretextando “intereses superiores”— porque, miren ustedes, no tienen el respaldo numérico necesario para impedir, en un primer momento, la votación de las leyes que no les gustan ni poseen tampoco la certificación democrática para impedir su posterior aplicación. Cuando Obrador da instrucciones a los suyos para que estorben las tareas legislativas y que imposibiliten el funcionamiento normal de las Cámaras, está imponiéndose, a la torera, a todos aquellos ciudadanos que no votaron por él y que, aunque no le parezca, simpatizan con el PRI y con el PAN. La CNTE, de la misma manera, tampoco puede pisotear a millones de mexicanos. Tiene que obedecer las leyes y sanseacabó. Pues eso.

revueltas@mac.com