Política Irremediable

Se fortalecen los populistas

Los griegos no dijeron ni pío cuando sus socios europeos, y los bancos, les abrieron la llave del dinero fácil. Bien calladitos que se quedaron al recibir carretadas de recursos para pavonearse con la organización de unos Juegos Olímpicos, en 2004, y, luego, darse la gran vida, en plan nuevo rico, como si hubieran, en su momento, creado riqueza, condición primerísima para poder gastar millonadas en obras públicas, modernas infraestructuras y servicios sociales.

Ah, pero no sólo derrocharon irresponsablemente la plata prodigada por los otros países de la Unión Europea (para mayores señas, a España, que no anda muy boyante que digamos, le deben 25 mil millones de euros) sino que ocultaron sus desfalcos y despilfarros para seguir recibiendo los fondos comunitarios. O sea, que, encima, tramposos y embusteros.

Y, bueno, cuando se aclararon las cosas y les llegó la factura, ya no les gustó el tema. En un primer momento, el primer ministro socialista Yorgos Papandreu decidió apretarse el cinturón y aplicó las draconianas medidas de austeridad exigidas por los acreedores, encarnados en la denostada troika —la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo— y, posteriormente, tras varios cambios en la jefatura del Gobierno, Antonis Samarás, siguiendo la política de recortes, estuvo a punto de llevar a su país a una muy leve recuperación. Pero, se aparecieron los populistas en el horizonte: Alexis Tsipras —líder de Syriza, un grupo legislativo que luego se convirtió en partido político— prometió al pueblo Griego lo imposible: seguir gastando dinero y pagar menos a los acreedores. Y los griegos, hartos de la austeridad y engatusados por el discurso de las cuentas fáciles, lo eligieron como gobernante a principios de este año. En sus comienzos, no tuvo el hombre más remedio que negociar. Pero después, presionado políticamente por sus seguidores, decidió llevarse a toda Grecia al abismo. Lo preocupante, más allá de la debacle de todo un país, es su mal ejemplo: no sólo le aplauden, aquí y allá, los izquierdosos sino los fascistas, los neonazis, la ultraderecha y los nacionalistas trasnochados. Muy mala cosa…

 

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