Política Irremediable

Nos fastidian con millones de ‘spots’. ¿Quién nos defiende?

Un anuncio publicitario te puede parecer gracioso o hasta interesante en algún momento. Pero, luego de la enésima vez de que te lo recetan en la tele te resulta simplemente insoportable. Te fastidias, vamos o, mejor dicho, se satura por completo tu capacidad, ya no digamos de apreciación sino de simple aguante. Supongo que los publicistas conocen muy bien este límite, la línea que separa una estrategia de ventas exitosa de aquella otra que, por el cansancio de los compradores, se vuelve totalmente contraproducente. Aunque, desde luego, el factor “aspiracional” —como se dice ahora— es un elemento que mitiga el posible hartazgo del cliente porque los apetitos de los consumidores, hoy día, jamás se atemperan sino, por el contrario, son cada vez más intensos e irresistibles. Y, estando ahí ese impulso, la omnipresencia de una marca —en la radio, los estadios, las calles, las pantallas del cine o las páginas de la Internet— viene siendo un recordatorio constante de que el objeto del deseo sigue existiendo como algo esencialmente codiciable.

Ah, pero la propaganda política… ¿Quién diablos aspira tan intensamente a votar por mengano o zutano, por un partido o por el otro, como para soportar la aplastante embestida de spots que nos asestan las agrupaciones políticas en esta campaña? Digo, llega un momento en que te hartas, te indigestas y te empachas de escuchar, en el coche o apoltronado mansamente delante del televisor, esas mismas propagandas, una y otra vez, en las que, por si fuera poco, te sueltan mensajes tan inanes como mentirosos, tan falsos como predecibles. El mejor y más original de todos: “Mejores salarios, menos impuestos”. ¡Caramba, cómo no se nos había ocurrido antes!

Ahora bien, ¿de veras piensan que sirve de algo esta avalancha propagandística? ¿Creen que les es provechoso fastidiarnos con millones y millones de anuncios? ¿Se imaginan que, luego de soportar 100 veces el mismo mensaje alguien va, en efecto, a cambiar su intención de voto? ¡Los ciudadanos pedimos clemencia, por el amor de Dios! ¿Nos escuchará el INE?

revueltas@mac.com