Política Irremediable

Duarte… y muchísimos más

En el saqueo programado de una entidad de nuestra maltrecha Federación —algo así como un ominoso programa de Gobierno, un auténtico proyecto, en fin, todo un plan maestro— no participa solamente la cabeza de la trama sino mucha otra gente: proveedores, constructores, concursantes de obra pública, politicastros de diverso pelaje, empresarios, capos mafiosos, organizaciones criminales, jueces, fiscales, inspectores, contralores, supervisores, congresistas, etcétera, etcétera…

¿Por dónde empezamos? Ya cayó Duarte o, por lo menos, ya sabemos dónde está. Pero, ¿qué va a pasar con todos los demás? Estamos hablando de una verdadera red de complicidades, señoras y señores, aunque los atracadores de cuello blanco suelen tener una enorme habilidad para borrar las pistas. De hecho, más allá de consustancial torpeza de los fiscales del Estado mexicano para armar debida y cabalmente los casos contra cualquier infractor, la maña de los corruptos es asombrosa: ahí donde cualquier administrador de la más insignificante dependencia gubernamental se las ve negras para justificar el más mínimo gasto —los mecanismos de control son desmesuradamente engorrosos y se están volviendo un auténtico estorbo para la eficiencia del aparato público, por no hablar de que la burocracia nacional se ha olvidado olímpicamente de la “simplificación administrativa”—, los funcionarios rateros se las apañan para perpetrar los más escandalosos robos con total impunidad. Digo, ¿cómo es que los Duarte y los otros gobernadores pudieron consumar sus latrocinios durante tanto tiempo sin que se hayan encendido las señales de alarma? ¿Nadie, lo que se dice nadie, se dio cuenta? O, más bien, ¿nadie se atrevió a denunciar las raterías, a revelar las irregularidades y a recurrir a los organismos de control del Gobierno federal? ¿No existe acaso un programa de fiscalización para detectar los malos manejos, desde un primer momento, y evitar así que el monto del quebranto alcance cifras astronómicas?

Si a un estado le otorgan recursos federales, por ejemplo, para atender a la población afectada por un desastre natural y resulta que a los damnificados no les llega ayuda alguna, ¿no hay manera de tomar cartas en el asunto? ¿La capacidad de reacción del Gobierno es nula?

No quiero ni pensar en la cantidad de cómplices que tuvo Duarte…

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