Política Irremediable

Estar contra México no tiene ningún costo

El Dow, el S&P 500 y el Nasdaq alcanzaron las más altas cotas de todos los tiempos el pasado lunes. El advenimiento de Trump provocó, entre muchas otras cosas, que los inversores abandonaran masivamente los fondos de bonos para colocar sus capitales en los mercados bursátiles, con la consiguiente subida de los antedichos índices. Pero, entonces, las advertencias que lanzó en la campaña y que, con algo menos de fiereza, sigue pregonando, ¿no tuvieron un efecto negativo? ¿No les resulta muy inquietante a los tiburones de Wall Street que el tipo amenace con deshacer tratados comerciales, levantar barreras arancelarias, aplicar políticas proteccionistas e ir a contracorriente de la globalización?

Pues, no. Por el contrario, les parecen muy convenientes las medidas que va a aplicar: han dado a entender que creará un clima más favorable a los negocios, que el desmantelamiento del sistema de cobertura sanitaria universal implementado por Barack Obama beneficiará a las compañías aseguradoras y empresas farmacéuticas, que una mayor desregulación del sector financiero abrirá nuevas oportunidades a los bancos y a los especuladores (no les inquieta, por lo visto, que la falta de los debidos mecanismos de control provocara la Gran Recesión de 2008), que la reducción de impuestos a las grandes corporaciones impulsará el crecimiento económico y que, ahora sí, un Congreso colaborador aprobará las grandes inversiones en infraestructura que le estuvo negando, a lo largo de los últimos años, a la Administración del actual presidente.

Del impuesto de 35 por cien que le van a asestar a los productos que exporta México no han dicho ni pío; tampoco han siquiera cuestionado que la construcción del famoso muro fronterizo pueda significar una erogación demasiado onerosa para el erario de los Estados Unidos; y desdeñan los costos económicos de expulsar a millones de inmigrantes ilegales.

Para nosotros, el asunto resulta de lo más deprimente, señoras y señores. Porque nos queda muy claro que no existimos y que, siendo el segundo socio comercial de nuestro vecino país —y, peor aún, prácticamente el único destinatario de las más agresivas políticas de The Donald—, las consecuencias de la embestida contra México son mínimas de cualquier manera. O, ¿la debacle ocurrirá más tarde?

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