Política Irremediable

¿Podremos contar con el pragmatismo de Trump?

El advenimiento de Donald Trump anunciaba una auténtica hecatombe. Bueno, pues lo peor ya ocurrió: el tipo es presidente electo de los Estados Unidos de América. ¿Qué vamos a hacer, sobre todo nosotros, los mexicanos, a quienes nos pueden afectar gravísimamente las medidas que ha anunciado a lo largo de su campaña electoral, tales que la expulsión de millones de compatriotas, la imposición de draconianas barreras arancelarias a los productos que exportamos o la confiscación de las remesas que envían los paisanos para financiar la construcción de un infamante muro en la frontera?

Jorge Castañeda advertía, anteayer en la tele, de que al hombre hay que tomarlo en serio. O sea, que nos tenemos que creer sus amenazas, sus bravatas y sus intimidaciones. Después de todo, casi nadie pensó, en un primer momento, que The Donald pudiera siquiera obtener la nominación del Partido Republicano para competir en la gran final. Y, miren ustedes: dejó en el camino no sólo a sus correligionarios sino, anteayer, a una mujer que lo supera sideralmente en todos los atributos (salvo uno, esencial en la política: la capacidad de comunicar). Ahora bien, el hecho de que Trump haya derribado todos los pronósticos no significa necesariamente que vaya a llevar a cabo las inquietantes propuestas que formuló en la campaña. Porque, señoras y señores, para empezar, no es un verdadero conservador ni un individuo de inquebrantable ideología ni un político con una reflexionada visión del Estado. Es, antes que nada, un oportunista, más allá de su altanería megalómana. O, dicho de manera más elegante, un individuo esencialmente pragmático que ha edificado sus torres con acero chino de importación y que emplea a trabajadores latinoamericanos en sus empresas. Esto, curiosamente, debería de tranquilizarnos: a la hora de la hora, cuando la aplicación de cualquiera de sus proclamadas recetas le resulte demasiado costosa o contraproducente, dará marcha atrás y hará lo que más le convenga a él, en primer lugar, y a su país, en tanto que se sentirá obligado a rendir buenas cuentas como jefe del Ejecutivo.

Algo ya nos ha mostrado: al aparecer como ganador de la contienda, adoptó un tono conciliador que nunca le habíamos visto y hasta se dio el lujo de reconocer la trayectoria pública de Hillary Clinton. El tiempo (nos) lo dirá…

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