Política Irremediable

Este día lo recordaremos siempre

Hoy no es un día como cualquier otro. Este 8 de noviembre quedará marcado como la fecha en que el pueblo estadounidense habrá elegido por vez primera a una mujer para ocupar la presidencia de la República. Si pensamos que a las ciudadanas les fue negado el derecho al voto hasta 1944, en Francia, o hasta 1971, en Suiza (en las elecciones federales), entonces nos podemos dar cuenta de la trascendencia de este suceso, más allá de que los nombres de Golda Meir, de Indira Gandhi y de Angela Merkel figuren ya en los libros de historia.

Pero, puede ocurrir también lo inesperado, lo que las encuestas no anticipan y los mercados financieros tampoco predicen: que un sujeto impresentable y esperpéntico —tan impredecible como peligroso— obtenga un triunfo que, precisamente por los rasgos personales de tan nefando personaje, alcanzaría también dimensiones históricas. Estaríamos presenciando ahí otra manifestación de un fenómeno social que parece ser ya un signo de estos tiempos y cuya más visible demostración fue el brexit: la súbita irrupción de unos votantes que en momento alguno habían dado a conocer sus intenciones pero que, llegado el momento, expresan su voluntad en contra de todas las predicciones posibles. Sería un auténtico cataclismo político porque si algo define a Donald Trump es su condición de candidato absolutamente anómalo en el escenario de la democracia norteamericana: independientemente de sus majaderías, sus mentiras y sus amenazas, nunca se había aparecido un competidor que cuestionara la confiabilidad del sistema electoral de los Estados Unidos y que declara abiertamente que no estará dispuesto a aceptar los resultados de las votaciones.

Las cosas deberían de estar ya meridianamente claras a estas alturas, por más que Hillary no resulte la candidata más atractiva. No es así, sin embargo: existe todavía una subespecie de votantes, los mentados “indecisos”, a quienes no les ha espantado el matón de talante fascista. No sabemos, a estas alturas, si esta gente habrá de inclinar la balanza a favor del candidato del Partido Republicano.

Y, otra cosa: el divisionismo sembrado por Trump ha alcanzado tan colosales dimensiones que la tarea de gobernar le resultará tremendamente complicada a cualquiera de los dos. La población está llena de odio, resentimiento y desconfianza. ¿Qué futuro se puede construir ahí?

Sí, hoy es un día que siempre recordaremos.

revueltas@mac.com