Política Irremediable

Te disfrazas de actor y encuentras a "El Chapo"

Y el tal Sean Penn, ¿quién es? Pues, uno de esos estadunidenses tan sorprendentemente izquierdosos y presuntamente liberales que pueden digerir la existencia de dictadorzuelos como Chávez —y plagiarios suyos como el inefable Maduro— sin experimentar mayores problemas de conciencia.

Oliver Stone y Noam Chomsky pertenecen a la misma subespecie y su espíritu contestatario podría ser absolutamente ejemplar si no fuera porque los señores validan prácticas antidemocráticas, represivas y abiertamente criminales (recordemos que el régimen de los hermanos Castro ha asesinado a miles de ciudadanos por el mero hecho de oponerse a su opresiva e incuestionable “revolución”) que ellos mismos no aceptarían en lo más mínimo en su país a pesar de que se solazan en denunciar, una y otra vez, los excesos perpetrados por el “sistema” en los Estados Unidos de América.

Luego entonces, no resulta nada sorprendente que el señor Penn se haya prestado a contactar a un sanguinario criminal —creyendo, sin duda, que el tipo es una suerte de benefactor de los mexicanos más desheredados y, por lo tanto, que se le pueden atribuir ciertas cualidades ejemplarizantes— para entrevistarlo y, después, comunicarle al mundo, vía la revista Rolling Stone, su ideario, sus pensamientos, su ideología, sus principios y su visión de la realidad.

Lo más irritante del asunto es que el actor —y su facilitadora, esa Kate del Castillo tan confundida de su cabecita que preferiría ser gobernada por un criminal en lugar de avenirse al mando de un individuo elegido democráticamente por millones de mexicanos— logró contactar despreocupadamente al delincuente más buscado del mundo y entrevistarlo a sus anchas mientras que las fuerzas de seguridad del Estado mexicano se afanaban en localizarlo. Un sujeto, El Chapo, que, miren ustedes, se había escapado, por segunda vez, de una prisión de alta seguridad (o, más bien, de bajísima vigilancia, dependiendo del calibre del aspirante a fugitivo) y que, en los momentos del amable acercamiento, hubiera debido ser encontrado, más bien, por las fuerzas de seguridad del Estado mexicano. Para la próxima, oigan ustedes, que nuestros soldados y nuestros agentes se disfracen de periodistas (o de actores)…

revueltas@mac.com