Política Irremediable

Me tiene sin cuidado lo que digas, Tony

Anteayer, habló Tony Blair en el Tianguis Turístico 2015, organizado nuevamente en Acapulco. Entre otras cuestiones, destacó que el tema de la educación es absolutamente fundamental para el desarrollo y el bienestar de cualquier país. Pero, ¿no habíamos oído ya eso antes? Y, ¿qué está ocurriendo, justamente ahora, en México? Pues, se ha implementado una reforma educativa que el propio secretario Chuayffet —un hombre que parece muy sensato y que tiene la muy desacostumbrada cualidad de decir las cosas claramente en un país donde el discurso público se caracteriza por estar plagado de circunloquios, ambigüedades, evasivas y superfluas retóricas— reconoce que tardará en dar frutos. Esa tal reforma, sin embargo, es imposible aplicarla en algunos territorios de la nación mexicana. Luego entonces, el antiguo primer ministro del Reino Unido no estaba dirigiendo sus palabras a todo México sino a una parte nada más. Lo cual nos habla, justamente, de que nuestro país se encuentra dividido en dos espacios diferentísimos: uno donde lo evidente se reconoce, con todas las dificultades que pueda entrañar la aplicación de transformaciones y cambios, y otro donde lo que ha sido consensuado y aceptado y convenido en el resto del planeta —salvo en algunas naciones bárbaras y atrasadas— no se puede aplicar por alguna extrañísima razón. Dicho en otras palabras, hay regiones enteras, dentro del Estado mexicano, en las que el simple propósito de saber cuántos profesores dan clases (obviando el hecho escandaloso-asombroso-increíble de que las mismísimas autoridades educativas ignoren el número de empleados públicos que trabajan en el sector de la enseñanza) es rechazado por los maestros; donde no se aceptan los más mínimos controles para garantizar la calidad de la enseñanza; donde se admite con total naturalidad que los chicos no reciban clases durante 40, 50, 60 o 70 jornadas al año (teniendo 200 días el calendario escolar); y, finalmente, donde no hay manera de cambiar esta realidad porque a los gobernantes locales les importa un pito lo que diga Blair o lo que opine cualquier otra persona. Bueno...

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