Política Irremediable

Sin las contenciones de la democracia todo va a ser peor

La sorprendente realidad del Brexit no podría proyectar peores augurios: si eso ocurrió en el Reino Unido, poblado por votantes razonablemente instruidos, entonces The Donald va a ganar las elecciones presidenciales en esos Estados Unidos (de América) donde todavía se discute si la enseñanza de la teoría de la evolución de Darwin debe ser optativa en las escuelas públicas. También la destemplada Marine Le Pen logrará que se celebre un referéndum sobre la permanencia de Francia en la Unión Europea y los galos, tan primigeniamente inconformes y descontentos, votarán de manera parecida a los británicos. Comenzará ahí, ya de forma irreversible y rotunda, la fatal descomposición de un hermoso proyecto de convivencia entre naciones sustentado en la paz, el entendimiento y los acuerdos. Ah, y luego, de cereza del pastel, no podrá faltar nuestra aportación: en Estados Unidos (Mexicanos) se aupará Obrador a la silla presidencial en 2018. Tendremos que mudarnos a Marte, oigan.

Y todo esto, ¿por qué? Pues, parece ser que los ciudadanos de este planeta experimentan un enojo descomunal porque las bondades de la globalización no son tan evidentes para la mayoría. Ahora mismo, Trump azuza la frustración de todos esos trabajadores que, en las antiguas zonas industriales de nuestro vecino país, han perdido sus empleos porque las corporaciones, para seguir siendo competitivas, se ven obligadas a elegir destinos donde los obreros reciben salarios más bajos. China, México o Vietnam, para mayores señas. Dicen que las consecuencias de poner tarifas y barreras comerciales terminan siendo mucho peores pero, por lo pronto, ¿no es entendible la rabia de los desempleados? ¿Y no es también perfectamente lógico que estos individuos, sin futuro y sin oportunidades, sean la clientela en la que se apoyan unos populistas que ofrecen arreglar las cosas de un plumazo? ¿Qué más pueden perder, si ya no tienen siquiera un puesto de trabajo?

Lo que la gente no sabe, más allá de que tampoco le interesa saberlo, es que todo puede ser todavía mucho peor. La democracia y sus instituciones nos parecen tan imperfectas como insatisfactorias y criticables. Pero, por favor, no caigamos en las garras de los populistas autoritarios, intolerantes y destructivos.

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