Política Irremediable

Un muy buen pretexto para la Tercera Guerra

¿Es siquiera imaginable que los altos mandos de la Fuerza Aérea de Turquía pudieran creerse que un avión ruso de combate representara un peligro real para la nación otomana, que estuviera a punto de lanzar destructores misiles o de bombardear aldeas pobladas por pacíficos campesinos? Entonces, ¿por qué diablos dieron las órdenes de derribar el Sukhoi Su-24?

El aparato, según parece, hubiera violado el espacio aéreo turco durante 17 segundos. Una eternidad, oigan ustedes. Y, tan fugaz penetración resultó en dos hechos que hablan, justamente, de la inofensiva intrascendencia del presunto quebrantamiento: el misil aire-aire disparado por el F-16 de Turquía impactó al bombardero ruso cuando ya se encontraba (de vuelta) en Siria y el avión cayó también fuera del territorio turco. En cuanto a las advertencias lanzadas por los militares otomanos, no sé cuántas veces se pueden prorrumpir avisos en apenas unos segundos y, de cualquier manera, el pretexto —debidamente validado por sujetos tan absolutamente respetables como Barack Obama y François Hollande, socios de Turquía en la Alianza Atlántica— de que un país tiene todo el derecho a "defender su espacio aéreo" viene siendo, en este caso, tan imbécil que uno se pregunta si no debiera llevar, ya puestos, a que se desatara la Tercera Guerra Mundial (la estupidez ha sido, desde siempre, la materia prima esencial para que los humanos corran a destriparse los unos a los otros).

En fin, esto huele, más bien, a una acción preparada por el inefable señor Erdogan, el autoritario y crecientemente represivo mandamás de Turquía (aunque ahora ocupe el cargo menos ejecutivo de presidente de la República tras haber llevado las riendas como primer ministro). Pero, el hombre no es más que uno de los tantos impresentables que pululan en un vecindario habitado por Bashar al-Asad, justo a lado, Vladimir Putin, en la costa septentrional del Mar Negro, los recién readmitidos ayatolas de Irán (celebraron el reingreso en la comunidad internacional, muy a su manera, prohibiendo un concierto de Daniel Baremboim) y otros sátrapas tan corruptos como sanguinarios. Que se masacren a su gusto, dirán algunos. Pues sí, pero el problema es que la batalla ha llegado hasta las calles de París (y Nueva York y Londres y Madrid...).


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