Política Irremediable

La abusiva eliminación de Justo Sierra

¿Habría alguna razón por la cual un auditorio en nuestra Universidad Nacional no debiera llevar ya el nombre de Justo Sierra, uno de los grandes humanistas que hemos tenido en este país? ¿Se puede expulsar, así nada más, su eminente figura para reemplazarla por la de un revolucionario argentino que en nada ha contribuido al desarrollo de la identidad y cultura mexicanas, más allá de la posible popularidad de su ideario comunista?

No estuvo bien el rebautizo, señoras y señores, pero estamos ante un hecho consumado que parece irreversible en tanto que las pendencieras hordas de la izquierda no sólo se arrogan la facultad de imponer sus gustos y sus preferencias a todos los demás sino que, pretextando que cualquier llamado al orden es el acto "represivo" de un sistema pretendidamente autoritario, desconocen principios, desacatan reglamentos e ignoran olímpicamente las tradiciones establecidas.

Sabemos que en el movimiento de 1968 participaron muchos jóvenes idealistas y que el régimen priista de aquellos tiempos era, en efecto, un aparato cerrado que hubiera debido escuchar las voces que deseaban el cambio. Pero, hoy, la ocupación de un auditorio universitario por vividores y delincuentes de baja estofa no se explica como un movimiento social sino a partir de corrupción de los valores en una sociedad mexicana que, justamente por ello, rechaza casi universalmente la cultura de la legalidad. Y así, todos los días observamos desobediencias y perturbaciones del orden público sin que las "autoridades", acojonadas a perpetuidad por el espantajo de las violencias perpetradas en el pasado por el "sistema", cumplan con su primerísima obligación de hacer respetar las leyes: los activistas toman por asalto las casetas de peaje de las carreteras y se embolsan cínicamente las cuotas, destrozan la mismísima puerta del Palacio Nacional (ya los quisiera ver haciendo lo mismo en el Kremlin, en el Elíseo de París o en la Casa Blanca), atacan cuarteles del Ejército, venden droga en el campus de la universidad más importante del país, queman vivo al empleado de una estación de servicio y, miren ustedes, van luego de quejicas si la policía se aparece para evitar que sigan cometiendo sus desmanes.

En México, hemos conseguido corromper también la "protesta social". Todo un logro, oigan...


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