Política Irremediable

¿Sabe gobernar la izquierda?/ y II

Cuando las arcas del Estado están repletas de recursos debidos a las pasajeras bonanzas que llegan a disfrutar las naciones atrasadas, es muy fácil montar un esquema de generosos dispendios para ganarse la adhesión del pueblo bueno: les llueven, a los desheredados de siempre, ayudas, subvenciones y providencias. Y, como son gente agradecida, responden con la correspondiente adoración. Entonces, el caudillo de turno, en su papel de gran benefactor, comienza a creerse de verdad que tiene poderes excepcionales y que la Patria lo requiere. Tan convencido está de sus virtudes que, miren ustedes, no se resigna a gobernar como cualquier simple mortal —un período, máximo dos— sino que se las apaña para cambiar las leyes, con un Legislativo a modo y un Poder Judicial sometido a sus designios, y perpetuarse en el poder.

Es verdaderamente asombroso que lo primerísimo que persiguen estos gobernantes de “izquierda”, cuyos modos autocráticos surgen en cuanto logran treparse a la silla presidencial, sea quedarse a lo largo de decenios enteros. Los otros, los de derechas, los que sirven a los “ricos y los poderosos”, son, paradójicamente, mucho menos ambiciosos y protagónicos: no sólo se marchan a casa, tan tranquilos y calladitos, sino que, muchas veces, quien toma el mando es su directísimo opositor y adversario. Democracia, creo yo, se llama este proceso.

A los ciudadanos debieran ponérseles los pelos de punta de vislumbrar meramente las intenciones de estos caciques izquierdosos, señoras y señores: ya vieron ustedes que doña Fernández de Kirchner se emperraba en seguir gobernando (no pudo, porque no se lo permitió un Congreso que ella no logró tener enteramente bajo su tutela); el coronel Chávez, de no haberse muerto, seguiría allí, apoltronado en el trono del palacio de Miraflores; Evo Morales, el de Bolivia, va a organizar un referéndum para que el pueblo soberano le suplique que se vuelva a presentar en las elecciones de… 2019 (lleva ya nueve años pero quiere seguir gobernando hasta 2025); y, bueno, de Cuba, donde domina una dinastía, ni hablemos.

Ah, pero algo ha cambiado: se extinguió la superabundancia. Se terminaron, consecuentemente, las dádivas. O sea, que ya ni los pobres de Venezuela votan por los compinches de Maduro. ¿Se acabarán, entonces, los reinados de estos oligarcas populistas?

 

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