Política Irremediable

México privatizado

De los gravísimos problemas que enfrenta este país, hay uno del que no parecemos tener suficiente conciencia: la avasalladora privatización de lo público.

Los conservadores de izquierda agitan siempre el espantajo de que la "patria se ha vendido" pero jamás denuncian a los grupos corporativos, a los sindicatos y a todas esas organizaciones que, con el pretexto de salvaguardar los intereses de la clase trabajadora, nos han despojado al resto de los mexicanos de bienes que debieran ser patrimonio exclusivo de la nación. El Estado mexicano, en este sentido, exhibe una asombrosa debilidad: al ceder toda clase de potestades a individuos particulares, ha renunciado a su papel de depositario de los bienes colectivos. Para advertir el tamaño de tan aberrante abdicación, hagámonos una primera pregunta: ¿cómo está eso de que se puede vender una plaza de maestro siendo que la educación nacional es pública, es decir, que la imparten profesores pagados por el Estado, con los recursos de todos los contribuyentes? ¿Cómo es que otros cargos en el aparato gubernamental ya no están abiertos a cualquier aspirante sino que se heredan? ¿Cómo es que si quieres obtener un puesto en una gran corporación paraestatal como Pemex debes untar la mano del delegado sindical? ¿Porqué se reparten empleos en el IMSS a familiares y amiguetes o, de nuevo, hay que comprarlos?

La satanizada reforma educativa se ocupa precisamente de esto, en uno de los sectores más estratégicos para el desarrollo de nuestro país. Pero, casi nadie sabe siquiera de qué va el tema porque pocos son quienes se han tomado la pena de leer el texto de la antedicha reforma: prefieren creer las patrañas que, de manera tan aviesa como interesada, propalan los agitadores y esos primerísimos incumbidos en que se derogue para no perder, nuevamente, canonjías como embolsarse un buen dinero por la venta de un cargo público u obtener una plaza sin concursarla.

Vivimos en un mundo de mentiras y distorsiones que, sin embargo, se legitiman en el discurso falsamente progresista de quienes, por el contrario, se oponen furiosamente a la modernización de México. Que siga pues el tráfico discrecional de los bienes colectivos de los mexicanos. Y ahí sí, todos tan tranquilos.

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