Política Irremediable

Mariguana; conducir borracho tampoco está permitido

Alguna gente argumenta que los individuos intoxicados de mariguana pueden representar un peligro público: llegado el caso, conducirían torpemente un coche y provocarían accidentes o desempeñarían indebidamente actividades que necesitan de la máxima lucidez y concentración. Vamos, que de permitirse el uso recreativo de la hierba, las calles se llenarían de automovilistas drogados y los neurocirujanos irían al rastro municipal a practicar operaciones con vacas en lugar de realizar intervenciones a seres humanos en los hospitales.

Estos cuestionamientos se pueden también aplicar al consumo de la madre de las drogas legales, a saber, el alcohol: los conductores borrachos matan, cada año del Señor, a miles de personas y mucha de la violencia familiar resulta de la adicción a la bebida. Pero, con perdón, es cierto que la compra de vino tinto o champán está permitida pero a los ciudadanos se les prohíbe, de manera terminante, ponerse al volante de un vehículo cuando están alcoholizados. Es más, si te apareces embriagado en el trabajo lo más probable es que te caiga encima una muy severa sanción; si ocurre una segunda vez, serás despedido fulminantemente por causa de falta grave.

Luego entonces, lo que se podría objetar, como ya ocurre de cualquier manera, es que los consumidores se arroguen la muy dudosa facultad de andar narcotizados por el ancho mundo en vez de cultivar sus muy personalísimas aficiones en espacios resguardados e íntimos donde, de ocurrir un percance, ellos serían los únicos perjudicados. Y es aquí donde está el quid del asunto: cualquier prohibición, así fuere con el encomiable propósito de prevenir afectaciones a terceros, debería dirigirse exclusivamente a sancionar la irresponsabilidad de quien utiliza las sustancias en ámbitos y circunstancias que no corresponden; pero, por favor, no para tratar de restringirle a esa persona el ejercicio de su soberanía individual. O sea, que hay que castigar a los infractores cuando ponen en riesgo a terceros pero permitirles, si les viene en gana recrearse pacífica e inofensivamente, que se atiborren de las sustancias, así de nocivas como puedan resultarles, que han decidido utilizar voluntariamente en su condición de adultos conscientes. Dicho en otras palabras, debemos tener bien claro qué es lo que queremos prohibir.


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