Política Irremediable

La sociedad del descontento

Ocho de cada diez franceses opinan que François Hollande no es un buen mandatario. Su nivel de aceptación es un magro 18 por cien, el más bajo de presidente alguno desde que se instauró la Quinta República. La aporreada Dilma Rousseff había llegado a tener un índice de aprobación más bajo todavía, por ahí del 15 por cien, pero se recuperó y, a principios de este año, superaba los 20 puntos porcentuales. También se restableció Ollanta Humala, en Perú, que en noviembre pasado tenía un indicador bajísimo, 14 por cien, pero, al comenzar 2016, había subido a 18 puntos. A Juan Manuel Santos, en Colombia, lo aceptan solamente... 13 de cada 100 conciudadanos suyos. Y, bueno, las cifras de Michelle Bachelet (28 por cien) y de Enrique Peña (30 por cien), no parecen demasiado negativas en este contexto.

Veamos ahora los casos de gobernantes que cuentan con niveles más altos de popularidad. Los números de Barack Obama son sorprendentemente parejos: lo aprueban 48 de cada 100 ciudadanos y lo rechazan 47. Ah, pero la reprobación es radical y contundente, como si estuviéramos hablando del peor presidente de la historia de la Unión Americana: sintonicen ustedes la cadena Fox News y constaten la ruindad de unos críticos que no sólo le niegan el más mínimo reconocimiento sino que fabrican las más infames falsedades. Angela Merkel, que había alcanzado una tasa de 75 por cien hace poco más de un año, se desplomó —es un decir, vistos los índices de los demás— a 46 puntos, debido a su postura ante la crisis de los refugiados en Europa. Consignemos, finalmente, los números de David Cameron, en el Reino Unido: 34 por cien de aceptación.

Observamos aquí dos fenómenos: el descontento de los ciudadanos en países indudablemente democráticos —más allá de las abismales diferencias que separan a Perú y Francia— y la inquietante división de unas sociedades fatalmente enfrentadas.

Nos preocupa, en estos pagos, la cerril intolerancia de los seguidores de Obrador pero ellos no se diferencian en lo absoluto de los militantes de ese Partido Republicano que, en el vecino país, están a punto de consagrar a un imbécil.

Ahora bien, veamos los índices de aceptación de Vladimir Putin, en Rusia: 83 puntos porcentuales...

Todas estas parrafadas, señoras y señores, para decir que no entiendo nada.


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