Política Irremediable

Kate se aburría y quiso tener emociones fuertes

Toda esa gente que se siente atraída por la figura de El Chapo, que desea encontrarse bajo su tutela, que le profesa una secreta admiración (bueno, ni tan secreta), que le atribuye sorprendentes bondades y que le concede una desinteresada dispensa de sus pecados, toda esa gente —repito— ¿se imagina siquiera de quién estamos hablando? ¿No alcanzan esos adeptos a vislumbrar la verdadera dimensión del personaje? ¿No saben que es un sujeto cruel, sanguinario y despiadado que ordena ejecuciones, que decide sobre la vida o muerte de los demás, que impone su ley mediante la más estremecedora violencia y que se ha encargado de mandar matar a centenares —si no es que a miles— de seres humanos? Dicho en otras palabras, ¿a esos entusiastas adherentes no les importa que ese posible preceptor suyo sea un asesino?

Anteayer, luego de haber criticado en esta columna al señor Penn y a doña Kate por cultivar tan malas frecuentaciones, recibí correos de personas que no sólo me expresaron llanamente su apoyo al criminal sino que me hicieron saber del anhelo que habían tenido, en su momento, de que "ocupara la plaza" en la que están afincadas. Su esperanza era de que el hombre terminara con la caótica y amenazadora situación que afrontaban cotidianamente —y que siguen padeciendo— en sus comunidades, envueltas en las feroces disputas territoriales de las organizaciones criminales: llegado El Chapo con sus huestes, y una vez acreditadas sus potestades en la comarca, comenzaría a reinar la concordia (más bien, la paz de los cementerios, diría yo, pero, en fin).

Estamos viendo, desafortunadamente, las consecuencias de la incapacidad gubernamental en todos esos puntos del país donde, por falta de recursos o por simple desatención, las fuerzas policiacas del Estado no están desempeñando cabalmente sus funciones. Y, existiendo este vacío, no es nada sorprendente que tantos ciudadanos anhelen la venida del gran salvador —sea quien sea— para resolver las cosas.

Lo que se entiende mucho menos es que una guapísima mujer, que parece tenerlo todo y que nunca afrontó amenaza alguna a su seguridad, haya querido frecuentar los círculos inmediatos de un asesino. Se aburría, a lo mejor...


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