Política Irremediable

Cuauhtémoc, "El Piojo"… La zafiedad

Es, desafortunadamente, uno de los signos que marcan estos tiempos de universal destemplanza. Hablo de la zafiedad, señoras y señores, de esa toca rudeza que se exhibe abiertamente, sin complejos, como si fuera una cualidad, algo de lo que se puede presumir, un rasgo positivo de la personalidad que denotaría fuerza de carácter y que, por ello mismo, gusta a la galería y le agencia, al majadero, los aplausos y adhesiones del respetable.

Y, pues sí, ahí lo tenemos, al candidato que consiguió el mayor número de votos en la competencia para la alcaldía de Cuernavaca, gruñendo “ahora sí me los chingué, me los chingué y estoy muy feliz”, al enterarse de los resultados que le favorecían, y ahí está, igualmente, el director técnico de la Selección Nacional de Futbol, soltando que “hay un solo pendejo que me ataca, me lo voy a encontrar y ahí discutiré con él”, en referencia a las opiniones de Christian Martinoli, cuyos sabrosos comentarios —para un tipo que no sólo tiene la piel muy delgada sino que, al parecer, espera únicamente alabanzas y adulaciones de todos los periodistas deportivos— no fueron de su agrado. Pero, encima, parece amenaza eso de que “me lo voy a encontrar”, algo así como la advertencia de “a la salida nos vemos” que, en el colegio, te descerrajaba el matón de la clase para avistarte que te iba a romper la crisma.

No es un tema menor, esto de la consagración pública de la ordinariez, porque entraña un componente de violencia ahí donde debieran de primar, por el contrario, las buenas maneras y la urbanidad de los individuos tolerantes. El proceso civilizatorio nos ha hecho mejores a los humanos, nos ha obligado a tratar al prójimo con respeto, a reconocer las diferencias y a aceptar elegantemente la crítica. Sujetos como Silvio Berlusconi, Donald Trump o Nicolás Maduro no representan, ni mucho menos, lo mejor de la cultura universal sino que vienen siendo meramente unos personajes impresentables. Su ejemplaridad es nula. La ferocidad de quienes frecuentan las redes sociales es ya lo suficientemente inquietante como para que tengamos, encima, que soportar, aquí, la ofensiva rudeza de estos otros brutos. Que alguien los detenga, por favor.

 

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