Política Irremediable

El "Cuau", una suerte de Trump tropical

¿Por qué maldita razón habrá querido el señor Blanco meterse en lo que no sabe y ponerse a gobernar Cuernavaca? Sabemos que la formación profesional, los antecedentes académicos y las capacidades administrativas no son factores que determinen la elegibilidad para un cargo público y que los entusiastas votantes se dejan engatusar alegremente por los candidatos más zafios y estúpidos por poco que sean medianamente ocurrentes. Pero, por favor, estamos hablando de confiar nuestro bienestar cotidiano —y nuestra seguridad personal, señoras y señores— a una persona que debiera haber mostrado un mínimo de urbanidad y garantizado, en primer lugar, las capacidades que se necesitan para desempeñarse en el puesto.

No creo que sea el caso de un jugador que, al contrario de todos esos colegas suyos en cuyo palmarés figuran logros extra futbolísticos —Arsene Wenger, el director técnico del Arsenal, se graduó en ciencias económicas en la Universidad de Estrasburgo; Frank Lampard tiene un IQ de 150 puntos; Sócrates, el brasileño, es médico; y, finalmente, para no alargar demasiado la lista, Franz Beckenbauer tuvo siempre unos modos tan exquisitos que le pusieron el sobrenombre de Der Kaiser, o sea, ‘El Emperador’—, carece no sólo de méritos ciudadanos sino que ha exhibido siempre una inquietante tosquedad. Sus posturitas y su rabietas eran las salsas que aderezan ese espectáculo futbolístico que tanto disfrutamos los aficionados: la sabrosa representación de camorras, escenográficos fingimientos, fieros desplantes y petulancias. Ahora, sin embargo, se trata de otra cosa: de atender los asuntos públicos y de reconocer respetuosamente a los demás, adversarios políticos incluidos, en vez de soltar puñetazos y gruñir destempladas afrentas. El Cuau nunca se dio por enterado y, antes siquiera de auparse al puesto, se las arregló para provocar rompimientos con las autoridades estatales y para sembrar un clima de discordia que parece punto menos que irreversible. Veamos hasta dónde llega el personaje y presenciemos, desde ya, el drama menor de su caída. Los vecinos de Cuernavaca, mientras tanto, que se persignen: la solución de sus problemas parece que no se va a poder tramitar en el ámbito terrenal.


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