Política Irremediable

Bronco, y muy “independiente”, para no rendir cuentas

La palabra de moda, en el muy cambiante escenario de la política, es “independiente”. Pero, por favor, no la pronuncien ustedes a la ligera y de bolazo, sino con la debida reverencia y, sobre todo, con una entonación que estremezca los sentimientos de esos buenos ciudadanos que, contra todo pronóstico y desafiando el desaliento, van a salir a votar el 7 de junio.

O sea, que no se gruñe “independiente” así nada más, sino in-de-pen-dien-te, con voz engolada y enfatizando cada sílaba, como cuando le enuncias una concepto farragoso a un sujeto que sabes obtuso de entendimiento. Y, bueno, el término, vistas las reformas y las contrarreformas que le han recetado a las muy flexibilizadas leyes electorales de este país, se refiere a aquellos candidatos que van por sus pistolas, sin la pre negociada anuencia de un partido y que, codiciando el poder terrenal como cualquier politicastro de los de siempre, se las han apañado para estar ahí, tan panchos, sin otra camiseta y sin otros colores que los de su muy particular personita.

Parece una buena cosa, a primera vista, esto de los tales “independientes”. Digo, se abre la competición a todos los posibles participantes, más allá de los disuasorios obstáculos que fijan los reglamentos. Pero, si lo miras más de cerca, el asunto no parece tan evidente. Lo digo por el caso del tal Bronco, el más jacarandoso y visible de los competidores presuntamente emancipados, que de “independiente” no tiene nada porque, hasta anteayer, era un hombre del “sistema”, un priista de toda la vida. ¿Qué posible cualidad ha adquirido, de pronto, un sujeto que no sólo comenzó a resultarle incómodo a sus correligionarios —tanto que en manera alguna lo consideraron siquiera un aspirante para el cargo por el que ahora compite— sino que se ha abstenido de declarar cuántos bienes tiene (y cómo los obtuvo), aparte de negar el hecho, consignado por su propia ex mujer, de que llegó a golpearla? ¿Ésa, la de no rendir cuentas, es la refrescante e inédita contribución que puede aportar un “independiente” a la democracia mexicana? Caramba.

 

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