Política Irremediable

¡Aprobados los haraganes y los burros!

Nuestro sistema educativo, ese mismo que fabrica millones de individuos incapaces de escribir con una mínima corrección ortográfica, de hacer los más elementales cálculos aritméticos y, peor aún, de entender no sólo lo que intentan leer sino lo que se les dice —lo cual nos coloca en el último lugar de las naciones que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico—, enfrenta un mayúsculo reto cultural: el colectivo rechazo de muchísimos mexicanos a cualquier forma de exigencia.

México no es un país justo sino todo lo contrario: hay una enorme desigualdad en la nación y derechos tan elementales como la seguridad y la justicia no son siquiera garantizados por un Estado fundamentalmente omiso. Pero, al mismo tiempo, en estos pagos se privilegian políticas asistencialistas y clientelares que, resultando de la nociva irrupción de los intereses de los partidos en el ámbito de lo público, pretenden privilegiar a grupos, cuerpos y colectivos laborales. Y, no hay mejor manera de complacer a los votantes de las siguientes elecciones, las veces que haga falta, que implementando medidas de blando paternalismo, así sea que en otros renglones se les niegue la condición de auténticos ciudadanos. Por ello, por ese miedo a perder las simpatías de las clientelas —y, lo repito, por esa suerte de cultura nacional que nos hace confundir las obligaciones con las imposiciones, las reglas con las coacciones, los límites con las privaciones y los derechos auténticos con los gustos personales, aderezado todo esto del infaltable victimismo y del correspondiente discurso quejica— es que ha habido disposiciones tan aberrantes como el “pase automático” o la asignación sin concurso de las plazas del Estado. Y, yendo todavía más lejos en el tema de los dadivosos contentamientos, ahora ocurre que los profesores no pueden reprobar a los alumnos incumplidos porque hay que alcanzar unas tasas de “eficiencia terminal” de las cuales, por si fuera poco, depende la asignación de recursos a las instituciones educativas. La divisa es: “No somos profesionistas capaces, oigan, pero somos muchos”. Ah…

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