Deporte al portador

Vucetich: entrenador de usar y tirar

No le ha sentado nada bien su despido al recién defenestrado director técnico de la Suprema Selección Nacional de Patabola de Estados Unidos (Mexicanos): habla el hombre de que se le ha faltado al respeto y se pregunta, con toda razón, si ese es el trato que merece un profesional que ha ganado títulos por montones y quien no se comprometió a hacer milagros (en ésas estamos, estimados lectores, en las de que intervenga la divinidad para solucionar el entuerto luego de que los muy humanos responsables de doña Federación, entre otros posibles culpables terrenales, hayan dejado las cosas a la deriva hasta llegar a una situación de total precariedad) sino meramente a realizar un trabajo serio, ordenado y cuidadoso.

Y, de haber sabido que lo iban a echar tras dos partidos, de seguro que no acepta el encargo don Víctor Manuel. Digo, para qué manchar su distinguida hoja de servicios —cinco títulos obtenidos en la primera división del futbol mexicano y tres campeonatos logrados en la liga de campeones de Concacaf, ni más ni menos— exponiéndose a tan destemplada degradación sin siquiera una segunda oportunidad de demostrar sus tamaños. Pero qué necesidad, que diría uno de nuestros clásicos —Juan Gabriel, para los íntimos—, en una de sus más inspiradas letras…

Naturalmente, los plazos son perentorios, inmediatos, inminentes, terminantes, fatales y acojonantes: hay que ganarle a los muchachos de Nueva Zelanda, a falta de haber cosechado puntos en uno torneo tan facilón que cuatro de seis aspirantes pueden colarse a la gran final.

No conozco de otra competición donde los premios se repartan tan alegremente; a lo mejor en las islas Fiyi —que están, miren ustedes, en Oceanía, donde juegan nuestros próximos rivales— la liguilla del torneo escolar es igual de accesible. No ocurre lo mismo, sin embargo, en la UEFA ni en la Conmebol, donde compiten denodadamente los equipos que México enfrentaría en el próximo Mundial si es que logra vencer en el repechaje a su adversario (tan formidable que ha necesitado, justamente, que se consume aquí la apresurada contratación de un técnico debidamente salvador).

Ah, pero tocando este tema de la figura providencial, ¿sabe el Piojo Herrera lo que le espera si su equipo no califica? No me digan que lo van a mantener cuatro años más en el cargo, esperando pacientemente a que resucite a sus jugadores en 2018. ¿O sí?

Bueno, él ha de saber lo que hace…