Deporte al portador

Sigo siendo Chiva, pero cada vez me cuesta más trabajo

¿Qué podemos decir, de un clásico jugado entre un equipo que va a todo tren y otro que apenas ha ganado un miserable partidito en este famoso torneo Apertura?

La ilusión para nosotros, los fieles aficionados Chivas, era que aconteciera una especie de milagro y que esos escasos americanistas que pululan en nuestro entorno inmediato, tan insuflados de soberbia, no pudieran sostenernos la mirada el lunes, al encontrarnos de vuelta en el trabajo.

Pues no, señoras y señores: luego de un muy buen primer tiempo donde se plantaron muy decentemente en la cancha, los jugadores del Club Deportivo Guadalajara S.A. de C.V. —conocido también como el Rebaño Sagrado aunque la tal sacralidad no parezca nada evidente en estos momentos— se desinflaron ante la potente maquinaria de unas Águilas lideradas por un señor, el Piojo, que tiene tamaños o, por lo menos, que ya encontró la receta.

Ni modo. Mañana habremos de encarar las burlas de nuestros rivales directos y soportar calladamente sus aires de superioridad.

Lo que no digiero, sin embargo, es la pérdida de los papeles en un equipo que, con el perdón de sus muy oportunistas y muy recientes detractores, ha sido uno de los grandes. Debemos remontarnos al torneo 1955-56 para tropezar con resultados todavía mucho más adversos que los que ha cosechado hoy día: en esa temporada llegó a 13 juegos seguidos sin ganar. O sea, que las cosas han estado peor. No hay que perder la esperanza, amables lectores. Hablo en serio, aunque no lo parezca…

No imagino siquiera que don Jorge Vergara no quiera lo que desean todos los aficionados como tampoco pensé, cuando América atravesaba también por malos momentos y que terminó como penúltimo de la tabla general, que la gente de Televisa no tuviera toda la intención, junto con la chequera a la mano, de contar con un equipo triunfador.

Esto es un negocio, después de todo, y no conozco todavía una producto que se pueda vender sin ofrecer algo a cambio: calidad, antes que nada, pero también una sensación de prestigio y el reconfortante sentimiento, para el aficionado-consumidor, de ser parte de algo grande.

Pregúntenle ustedes a los compradores de los objetos electrónicos de Apple si su adquisición es meramente utilitaria o si, por el contrario, se entusiasman al sentir que se introducen a un universo de innovación, estética y modernidad.

Algún día, Chivas va a revivir. ¿O no? Digo…