Deporte al portador

Soy Chiva, ¿qué hago?

Estoy mirando el futbol en la mejor de las circunstancias posibles: en un restaurante y degustando un delicioso mezcal (de Oaxaca, lo aclaro, aunque sea redundante, para asociar tan placentera experiencia a un rincón de nuestro país que debiera merecer mejor suerte que la de haber sido tomado por una turba de maestros envilecidos).

El mesero que me sirve los tragos, miren ustedes, es un seguidor del Cruz Azul Futbol Club, A.C. Le pregunto, con perfidia, si todavía hay aficionados de ese equipo y sus burlones compañeros, que están bien atentos al intercambio de amabilidades, dicen que es el único fanático cementero de todo el local. Pero, guasas aparte, al final resulta que los combatientes de su parroquia le han anotado tres sonoros goles a los defensores de la mía, o sea, que los de Hidalgo le han pasado por encima a los de Jalisco, que no son los recién defenestrados Tecos ni los sufridos del Atlas sino, ni más ni menos, los gladiadores de uno de los conjuntos “grandes” de este país, a saber, esas Chivas de Guadalajara que no nos dan ya mayores satisfacciones a sus seguidores.

El único equipo de la mentada Liga MX conformado deliberadamente por autóctonos de cepa pura — es decir, por gente nacida, crecida y educada en estos pagos— no parece haberse enterado, en los últimos tiempos, de que necesita estar siempre arriba de la tabla en los correspondientes torneos aperturistas y los otros, los que clausuran aquello que fue abierto en su momento.

Me pregunto, desde luego, si es una obligación complacer a los aficionados y si la historia tiene un peso lo suficientemente decisivo como para comprometer a un dueño o a una directiva a dar resultados dignos cada fin de semana. Y, al mismo tiempo, me digo que si River Plate bajó a Segunda pues entonces Chivas puede descender a Tercera B o a Cuarta C. Esto no es Alemania ni España, señoras y señores, donde es impensable que un Bayern o un Madrid se desfonden así nada más, sin mayores explicaciones. Esto, por lo pronto, es la Liga MX, sin ocuparnos ya de lo que hagan o deshagan los argentinos.

Bueno, pues vamos entonces a atizarle a Jorge Vergara. Un pequeño detalle, sin embargo: un tipo que construye un estadio nuevo, con la descomunal cantidad de plata que tienes que desembolsar, y que luego le cambia el pasto porque se lo piden ¿es un hombre que no quiere hacer bien las cosas?

No lo sé. Yo sólo sé que sigo siendo Chiva, a pesar de todo.